
Si los legisladores locales del Partido Acción Nacional (PAN) suponen que hicieron un desaire al Poder Ejecutivo, al salirse la semana pasada de la sesión plenaria en que se definían y se analizaban puntos relevantes para la vida de nuestra entidad, se equivocan. En realidad, el desprecio fue para la minoría de los ciudadanos y las ciudadanas que votó por ellos y que les dio una responsabilidad en el Congreso local.
El pasado 15 de enero, justo cuando se realizaba la votación sobre el nuevo titular de la Auditoría Superior del Estado (ASE), los panistas dejaron el salón de sesiones y luego también se ausentaron en las comparecencias de los titulares de Gobernación y de Medio Ambiente estatales, quienes comparecieron como parte de la Glosa del Primer Informe de Gobierno.
El coordinador del grupo legislativo albiazul, Marcos Castro, adujo que su retiro y las ausencias en esas sesiones se dieron en protesta por el proceso de elección del nuevo titular de la ASE, Germán Reyna y Herrero, en el que no hubo -según su visión- oportunidad de cuestionarlo o hacerle planteamientos, a pesar de que el procedimiento se dio de acuerdo con el reglamento y los tiempos que marca la norma.
Sea como sea, los panistas cometieron un error legislativo grave, producto de un berrinche.
Es una obviedad que, al ser la minoría, nunca ganarán las votaciones, pero ausentarse y no participar de los debates es la negación de su encargo y de la esencia de su función.
El Congreso del estado es un parlamento, cuya palabra se deriva de “parlar”, es decir, debatir, dialogar.
Aunque en la elección estatal de 2024, en la que ase dio conformación de la actual legislatura, el PAN fue abrumadoramente superado por el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y sus partidos aliados, hay 21.31 por ciento de las poblanas y poblanos que los vieron como una opción y les dieron su voto, en esa elección.
Acción Nacional también fue incapaz de ganar alguno de los 26 distritos locales electorales del estado, por lo que no tiene representantes de mayoría relativa. Sin embargo, por la cantidad de votos que consiguió, obtuvo cinco curules de representación proporcional o plurinominales que, aun como minoría, son producto de un mandato ciudadano, aunque sea indirecto.
Los panistas que se salieron de la sesión no solamente le dieron la espalda al resto de sus 36 compañeros y compañeras de la actual LXII Legislatura, sino que les negaron la voz a los ciudadanos que, también siendo una minoría, los ven como representantes indirectos.
Aun siendo irrelevantes en el concierto de las votaciones, que estarán siempre imposibilitados de ganar, el comportamiento de los panistas es sectario y partidista y desdeña a las y los poblanos y al estado mismo que necesita de una oposición fuerte, propositiva y participativa, como parte de un ejercicio republicano y democrático.
Las comparaciones son inevitables: en el pasado, cuando la izquierda fue minoría en el Congreso del estado y en las cámaras del Poder Legislativo Federal, no hubo ese desdén y, las veces que los grupos parlamentarios salieron de la sesión, fue como estrategia para romper el quórum y frenar la aprobación de iniciativas dañinas para el país. La izquierda, eso sí hay que decirlo, jamás rehuyó un debate.
Solíamos decir los reporteros que cubrimos el Congreso de la Unión, con cierta carga de ironía, que la oposición de izquierda “perdía las votaciones, pero ganaba el debate”. El PAN de Puebla ni eso.
La izquierda en este país fue oposición legislativa durante más de cuatro décadas, desde la aparición de los primeros diputados de partido, a mediados de los años 70, hasta el triunfo como mayoría en 2018, y nunca rehuyó la tribuna y la exposición y contraste de ideas contra el régimen absoluto de aquellas épocas.
Con esa actitud, el PAN le niega la voz a la minoría que representa; mejor, entonces, será que, así como sus diputados locales se ausentaron de las sesiones, también se ausenten de las urnas.
Qué puede aportar una oposición panista timorata y muda.