
Los vecinos de Grazalema (Cádiz) afrontan una larga noche, otra más, esta vez fuera de sus casas, acogidos muchos de ellos en Ronda (Málaga) y dejando atrás sus viviendas en un pueblo vacío, mirando al cielo por las próximas lluvias, pero sobre todo al subsuelo, por donde el agua corre con un violencia nunca antes conocida.
El polideportivo municipal de El Fuerte, en Ronda, ha acogido este jueves a unos 250 vecinos de Grazalema, que durante la noche se han ido derivando a hoteles y apartamentos para su mayor comodidad, aunque este viernes se espera la llegada de otros sesenta.
La solidaridad de este pueblo malagueño con sus vecinos de Cádiz ha desbordado las previsiones. En apenas dos horas estaba todo preparado: camas, mesas, mantas, comida caliente y muchos voluntarios, de este y otros pueblos, tantos que ya no dejaban pasar a más.
Allí han llegado familias enteras, con niños, mayores y mascotas, buscando un refugio que les permita pasar la primera noche fuera de sus viviendas desde que se decretó horas antes el desalojo total del pueblo ante los riesgos provocados por la borrasca Leonardo.
Personal del ejército, Policía Nacional, Policía Local, servicios sanitarios, Protección Civil y otros voluntarios les esperaban. Les han dado atención sanitaria a quien lo requería, una comida caliente y han registrado sus nombres para derivarles a hoteles y apartamentos.
Aunque muchos de ellos llegaban en estado de shock, después de salir de casa con lo justo, estar con sus vecinos hacía más llevadero el duro trance, aunque no se hayan podido evitar las lágrimas en muchos casos.
Los vecinos venían de escuchar durante la noche anterior el ruido del agua bajo sus calles y casas, cada vez más fuerte, un estruendo nunca escuchado antes, según relata a los periodistas Rosi, que tiene una madre de más de 70 años que no recuerda algo parecido.
El ruido del agua “te levantaba del suelo” y no cesaba, según sus palabras.
El peligro de la situación llevó a la Junta de Andalucía y al Ayuntamiento a ordenar el desalojo del pueblo entero, algo que se ha hecho “con nobleza y templanza”, en apenas dos horas y media, ha explicado el alcalde, Carlos Javier García, acompañado de la regidora de Ronda, Mari Paz Fernández.
El pueblo ha quedado “totalmente vacío”, con las puertas de las casas abiertas para que siga saliendo el agua que emana del suelo y con agentes de la Guardia Civil patrullando sus calles.
El acuífero está “totalmente sobrepasado” por la cantidad de agua, que encontró salida “a través de cualquier lugar”, ya fueran paredes o enchufes.
Ahora toca esperar a las pruebas técnicas, sin saber cuándo ni cómo podrán volver a sus casas estos vecinos, con otra borrasca en el horizonte para el sábado.
El resto del pueblo, los que no están en Ronda, se reparten en viviendas de familiares de otros pueblos como Zahara, El Gastor o El Bosque.
Quienes pasarán los próximos días en Ronda sienten el cariño de un pueblo vecino, de otra provincia pero juntos en la serranía, en cuyo hospital muchos de ellos nacieron, y que ahora les acoge la espera de noticias.