
Dos hermanas de origen mexicano dirigen Recyco, una empresa de reciclaje fundada hace más de 40 años por su padres en el sur de Arizona, cuando este trabajo era considerado “recoger basura”, según cuentan en entrevista con EFE estas empresarias, que hoy procesan anualmente hasta seis mil toneladas de materiales.
Conocidas entre su clientela como “las hermanas del reciclaje”, heredaron la empresa fundada en 1985 por Marco y Olga Gallego, inmigrantes originarios de Sonora, México, tras varios años de experiencia en la industria.
“Somos un negocio familiar, establecido y operado por mujeres”, explicó a EFE Vanessa Gallego Luján, una de las actuales propietarias.
Su padre se encargó de establecer contactos a ambos lados de la frontera con México para sostener la empresa, mientras que su madre asumió la operación diaria del negocio. “Mi madre fue y sigue siendo nuestro pilar, nuestra motivación y un modelo a seguir”, afirmó.
Hace cuatro décadas, cuando Recyco comenzó, la industria era vista como simple “recolección de basura”, sin conciencia ambiental ni cultura del reciclaje.
“Mi madre se adelantó al futuro, visualizando la importancia que este negocio tendría”, recordó Gallego Luján.
Con el tiempo, la pequeña empresa creció hasta convertirse en una operación que procesa entre 5.000 y 6.000 toneladas anuales de materiales y metales -como aluminio, cobre y acero- en sus dos sedes en Tucson, además de adquirir electrodomésticos en desuso.
En un sector tradicionalmente dominado por hombres, las hermanas destacan por su liderazgo empresarial y su compromiso comunitario. “Todavía hay personas que preguntan ‘¿dónde está el patrón?’ o ‘¿dónde está el dueño?’, y se sorprenden al ver que somos dos mujeres las propietarias”, señaló a EFE Bélgica Macías, administradora y dueña de Recyco.
Para ambas, dirigir el negocio no es extraño: crecieron en el lugar. “Aquí jugábamos y corríamos después de la escuela mientras mi mamá trabajaba”, recordó Macías, quien añadió que desde muy pequeña pagaba los recibos a quienes llevaban material para reciclar.
En ese mismo sitio recibieron su primer cheque, ya que su madre insistía en enseñarles a administrar sus propias finanzas.
Macías dirige la administración de la planta, mientras Gallego Lujan fortalece los lazos con la comunidad.
Recyco además participa en programas educativos en escuelas locales para fomentar la cultura del reciclaje.
“Muchas veces son los hijos quienes educan a los padres”, subrayó Gallego Luján.
También colaboran en eventos como el Día de la Tierra y el Día del Niño, y trabajan con el zoológico y otros negocios para evitar que miles de toneladas de materiales terminen en el vertedero municipal.
Macías considera que ser mujeres ofrece la sensibilidad para apoyar a la comunidad.
Entre los logros que más las enorgullecen está el caso de una mujer que comenzó reciclando pequeñas cantidades de latas y hoy recibe cerca de mil dólares por visita, lo que le permitió independizarse económicamente.
También destacan haber ofrecido empleo a un hombre en situación de calle tras comprometerse a mantenerse limpio durante tres meses.
Recyco, comentaron las hermanas, sigue siendo un negocio familiar en el que trabajan tíos, primos y amigos, enfocados no solo en aumentar el reciclaje, sino en educar a la comunidad latina sobre sus beneficios ambientales y económicos.
La labor de “las hermanas del reciclaje” ha sido reconocida tanto por la alcaldesa de Tucson, Regina Romero, como por la gobernadora de Arizona, Katie Hobbs.