Miles de familias ucranianas siguen separadas por ocupación rusa

Miedo Y Esperanza: Miles De Familias Ucranianas Siguen Separadas Por La Ocupación Rusa

Las esperanzas de reunificación de miles de familias ucranianas separadas por la guerra son escasas y cualquier contacto a través de la línea del frente está ensombrecido por el miedo, cuatro años después del inicio de la invasión a gran escala de Rusia, que controla alrededor del 20 % del territorio ucraniano.

Anna, que huyó a Leópolis, en el oeste, desde una zona ocupada en el sur del país, lleva más de cuatro años sin ver a sus padres, que se quedaron allí. “Tengo miedo de no reconocerlos cuando finalmente nos veamos”, cuenta a EFE.

“Soy médica y sé cómo la edad cambia a la gente. También tengo miedo de no ser capaz de presentarles nunca a mis hijos”, añade, eligiendo con cuidado sus palabras para evitar poner en peligro a sus padres.

Miedo

El miedo permea cada una de las llamadas con sus padres: sólo hablan en ruso, ya que usar el ucraniano les pondría en riesgo de ser denunciados, ante la falta de privacidad de las conversaciones telefónicas y los servicios de mensajería.

Las conversaciones se limitan a la salud y al tiempo, con una vaguedad que sólo hace aumentar la ansiedad de Anna. Pero unos temas más serios podrían causar problemas si son detectados por los servicios especiales rusos.

“El único peligro al que estoy sometida aquí son los bombardeos rusos”, dice Anna. “Para ellos, una palabra equivocada, una mirada equivocada entraña una amenaza”, subrayaantes de añadir que su familia es “lo único valioso” que le queda.

Evacuarles es imposible. “Es sólo una cuestión de cuántos controles de carretera rusos puede pasar mi padre antes de que le detengan”, dice, en alusión a las informaciones sobre hombres detenidos en checkpoints u obligados a realizar tareas militares.

Aún les queda su casa y si intentan huir se la podrían quitar, explica. Ademá,s también sería difícil darles una acogida digna en Leópolis, dado el escaso apoyo financiero para los desplazados.

Incluso si finalmente se alcanza un alto el fuego a lo largo del frente actual, Anna teme que su huida y su labor en zonas bajo el control del Gobierno la hayan convertido en sospechosa para los rusos, por lo que viajar a casa sería demasiado arriesgado.

“Rusia no respeta las leyes”, dice. “Quizá vuelva a ver mi hogar algún día”.

Realidad y esperanza

Alevtina Shvetsova, una periodista desplazada de Mariúpol (sur) asegura que los temores de Anna son fundados. Miles de personas se quedaron allí para cuidar de familiares dependientes o para evitar la confiscación de sus casas vacías.

Quienes se atreven a viajar a las zonas ocupadas, a través de terceros países -ya que los cruces directos de Ucrania a Rusia están cerrados-, se enfrentan a largos interrogatorios y a una alta probabilidad de que se les impida entrar o a ser detenidos.

“Es extremadamente peligroso”, dice Tetiana, de 19 años, una estudiante universitaria que vio por última vez a su abuelo hace más de tres años y medio, antes de huir de su hogar en la costa del mar de Azov.

En sus recuerdos, su ciudad estaba llena de risas de niños, de una cálida brisa marina y de puestos de algodón de azúcar. Pero, tras la llegada de los rusos, su abuela murió de un cáncer sin tratar, debido a la escasez de medicamentos.

Tetiana se quedó durante meses para ayudar a su abuelo enviudado, pero acabó por marcharse, ante el temor de que más adelante se volviera imposible escapar.

Mantienen el contacto con cautela: hay patrullas que revisan los móviles en busca de contenidos proucranianos, por lo que su abuelo utiliza un dispositivo básico en público y otro en casa, sólo para las conversaciones con su nieta.

Más de la mitad de los habitantes originales se han marchado y llegan forasteros desde Rusia. Muchos vecinos apenas salen de sus casas por miedo a que alguien escuche conversaciones que les lleven a ser detenidos.

“Están bajo vigilancia constante”, dice Tetiana. “Los rusos intentan quebrarles, quitarles lo que aman”.

Su abuelo acabó por aceptar un pasaporte ruso, ante la amenaza de que de lo contrario perdería su coche y su casa. Tetiana le pide que sea cuidadoso con expresar sus esperanzas de volver a vivir bajo control ucraniano, que se le escapan ocasionalmente cuando baja la guardia.

Las actuales conversaciones de paz decepcionan a Tetiana y a muchos de los más de 3,7 millones de ucranianos desplazados internamente, a los que les parece difícil de aceptar que Rusia pueda quedarse con los territorios ocupados y no rendir cuentas por sus crímenes.

Aún así, mantiene la esperanza. “Tenemos una gran fe y lo esperamos de todo corazón”, dice Tetiana. “Queremos volver a o al menos tener la oportunidad de ir y sentirnos allí como en casa”.

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