
La instalación de una mesa de negociaciones entre Estados Unidos e Irán hoy en Islamabad pone a prueba el histórico papel de Pakistán como canal de comunicación entre potencias antagónicas, una posición condicionada por su vecindad con Teherán y su alianza militar con Washington.
Para acoger este encuentro, Islamabad juega su carta geopolítica como una potencia nuclear islámica que comparte 900 kilómetros de frontera con Irán.
Ambos países demostraron su capacidad para desescalar tensiones en enero de 2024, cuando contuvieron en cuestión de días una crisis desatada por un intercambio inédito de bombardeos fronterizos en la región de Baluchistán.
La diplomacia paquistaní apela a un historial como anfitrión de procesos complejos:
– Deshielo EE. UU.-China (1971): Organizó el vuelo secreto de Henry Kissinger a Pekín, propiciando la normalización de relaciones.
– Guerra Irán-Irak (1980-1988): Lideró misiones de la Organización para la Cooperación Islámica (OCI) para intentar frenar las hostilidades.
– Acuerdos de Doha (2020): Pakistán fue un actor logístico para sentar a los talibanes y a Estados Unidos en la misma mesa.
Sin embargo, a diferencia de facilitar una retirada o un canal confidencial, la cumbre de este sábado aspira a detener un conflicto armado activo entre dos Estados hostiles con exigencias diametralmente opuestas, operando sobre un margen de error casi nulo.
Las garantías operativas ofrecidas a las delegaciones de Washington y Teherán dependen del Gobierno civil del primer ministro, Shehbaz Sharif, y las que dicta el mando militar paquistaní.
El jefe del Ejército, el general Asim Munir, ha establecido en los últimos meses una línea de interlocución directa tras sus visitas oficiales a Washington y capitales árabes, una red que ahora sostiene el blindaje de la “Zona Roja” de Islamabad.
El país importa cerca del 80 % de sus necesidades de petróleo crudo, un flujo que transita por el Golfo Pérsico. El bloqueo prolongado del estrecho de Ormuz interrumpe su abastecimiento, agravando una crisis inflacionaria atada a un estricto rescate del Fondo Monetario Internacional (FMI).
A esto se suma el hecho de que Pakistán concentra su despliegue táctico frente a la India, pero a la vez mantiene el Acuerdo Estratégico de Defensa Mutua firmado en noviembre con Arabia Saudí.
Este pacto vincula a Islamabad con Riad, principal rival regional de Teherán, mediante una cláusula de seguridad colectiva que establece que “cualquier agresión contra cualquiera de los dos países será considerada una agresión contra ambos”.
Permitir una escalada bélica en sus 900 kilómetros de frontera con Irán obligaría a Pakistán a dividir a su Ejército y activaría el riesgo de tener que intervenir militarmente en defensa del territorio saudí.