
Puebla arrastra un reto histórico en turismo: aumentar la pernocta. Es decir, lograr que el visitante se quede más tiempo. Este indicador ronda 1.8 noches en la actualidad.
Cada año, cuando llega la Semana Santa, vemos playas llenas, pueblos mágicos saturados y ciudades coloniales vibrando. Pero más allá de la estampa, hay una pregunta clave para nosotros como emprendedores: ¿qué es lo que realmente se vende ahí? La respuesta no es un lugar. Es un producto turístico.
Un producto turístico no es un hotel, ni un restaurante, ni una procesión. Es la combinación de elementos que construyen una experiencia completa para quien nos visita: traslado, hospedaje, gastronomía, cultura, entretenimiento y emoción.
En Semana Santa esto se hizo evidente. No se viaja solo por descanso, se viaja por significado: tradición, fe, desconexión y convivencia familiar.
En México, la Semana Santa confirma que es uno de los picos más importantes del año. Millones de personas se movilizan, generando una derrama económica relevante.
Y en Puebla, esto tiene un matiz especial. No solo es turismo, es identidad. Las procesiones, la gastronomía, la arquitectura y la cercanía con la CDMX hacen que la ciudad tenga todos los ingredientes, pero no siempre el producto armado.
Muchos negocios creemos que participamos en turismo solo por existir: «tenemos un restaurante», «tenemos un hotel», «vendemos artesanías». Pero el turista no compra piezas sueltas. Compra una historia que pueda vivir.
Cuando no hay integración, el resultado es claro: experiencias fragmentadas, poco gasto por visitante, baja recomendación, visitas que no regresan.
Entonces, ¿cómo construimos un producto turístico? Un producto turístico se diseña, no se improvisa.
Algunas pistas claras:
Pensar en el recorrido completo: desde que el turista decide venir hasta que regresa a su casa.
Integrar la oferta: hotel + restaurante + experiencia + guía + transporte.
Diseñar momentos memorables: experiencias que se puedan contar.
Facilitar la decisión: soluciones simples.
Cuidar los detalles: ahí se gana o se pierde la experiencia.
¿Quién construye el producto turístico? No lo construye una sola empresa. Lo construimos como ecosistema: Empresarias y empresarios, gobierno, comunidad, universidades.
Cuando cada uno trabaja por su lado, hay destinos con potencial, pero sin producto. Cuando nos coordinamos, generamos valor real.
Puebla tiene todo para competir. Pero el salto no está en tener más turistas, sino en capturar más valor por turista.
Semana Santa no es solo temporada alta, es un laboratorio. Es momento de observar: ¿Quién nos visitó? ¿Qué buscó? ¿En qué gastó más? ¿Qué no le gustó?
El visitante no quiere solo ver, quiere sentir, participar y conectar.
Foto de Oscar Rodríguez/Agencia Enfoque (El Heraldo)