Combate al fuego de Gironda en la cuarta ola de calor en Francia

Un Ejército Humano Combate El Fuego De La Gironda En La Cuarta Ola De Calor En Francia

Un ejército humano batalla contra el megaincendio de la Gironda, al suroeste de Francia, para evitar que las llamas alcancen Burdeos, a 20 kilómetros, y con el temor de que la cuarta ola de calor que empieza este martes complique las labores de extinción de un fuego inédito que este miércoles cumplirá una semana.

Un enjambre de bomberos, policías, militares, agricultores y voluntarios trabaja sin descanso para apagar los nuevos fuegos que surgen en las 42.000 hectáreas de terrenos quemados y aún muy calientes.

“Es el incendio más grande que he vivido en mi carrera”, afirmó en declaraciones a EFE François Chartier, teniente del cuerpo de Bomberos de la región de la Gironda, con décadas de experiencia a sus espaldas. “Somos profesionales, pero no podemos evitar estar impactados emocionalmente por lo que está ocurriendo”, añadió.

La coordinación es total, pues hay que asegurar que las llamas no avancen y se acerquen aún más a Burdeos, la novena ciudad de Francia en población. De hecho, en las últimas horas se logró contener el avance del incendio, que arderá durante días e impedirá el regreso de la población evacuada como mínimo durante un mes, según dijo a EFE un bombero de la región de la Gironda.

Más de 220.000 personas tuvieron que abandonar sus hogares, en la que es la mayor evacuación de población en Francia desde la Segunda Guerra Mundial.

Este martes fue el turno de 4.000 residentes de Lacanau, a los que se pidió que busquen refugio en otra parte, al considerar insegura la zona. En total, las autoridades pidieron a la población de 23 localidades que abandone sus casas, entre las que se encuentran Lège-Cap-Ferret, Cestas, Marcheprime, Sainte-Hélène o Saumos.

Es por ello que el escenario actual se asemeja al de una película apocalíptica, pues apenas hay un alma en estos pueblos, algunos de ellos destinos turísticos de verano al estar en la bahía de Arcachón, donde se originó el incendio el pasado 22 de julio.

Farmacias, escuelas, panaderías y otros establecimientos están completamente cerrados. La única actividad humana es la de los profesionales y voluntarios que luchan contra las llamas.

Con este desastre natural, los agricultores han vuelto a demostrarse imprescindibles. Siembran el campo o talan árboles para crear un cortafuegos que evite el avance de las llamas.

Las mascarillas han vuelto a esta zona, lo que recuerda la pandemia de la covid-19 y los estragos que causó en 2020. En este caso, quienes las usan lo hacen para protegerse de las partículas tóxicas que hay en el aire, propias del incendio y que enrojecen los ojos y causan picor en la garganta.

Por otro lado, voluntarios se encargan de vigilar las casas de los centenares de miles de vecinos que han tenido que abandonar sus hogares, algunos de ellos con las ventanas abiertas, lo que demuestra la prisa con la que tuvieron que evacuar.

Para evitar robos y garantizar la seguridad hay decenas de puestos de control, como los que se ven en las guerras. Allí se encuentran la gendarmería y los militares, para asegurar que nadie sin autorización circule por la zona evacuada.

Los bomberos, por su lado, realizan tanto labores de prevención como de actuación inmediata una vez que una columna de humo emerge del suelo y empieza a quemar los árboles y arbustos de la zona.

La violencia del fuego ha arrasado al menos 240 casas, a pesar de un gran dispositivo formado por 2.750 bomberos, que cuentan con el apoyo de efectivos europeos, además de 18 aviones, 1.500 militares y 1.440 miembros de las fuerzas del orden.

Por ahora no hay constancia de fallecidos, aunque 93 bomberos han resultado heridos en las tareas de extinción del incendio de Gironda.

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