
Enfrentar un divorcio puede traer consigo una sobrecarga de emociones, malestares e incluso un declive en la salud de una persona. Sin embargo, el caso de esta mujer fue más allá de eso y no precisamente por su separación.
En un impactante caso que se ha vuelto viral en redes sociales, Diana Keys, una mujer de 65 años de Clevedon, Somerset, descubrió que sus síntomas, inicialmente atribuidos al “estrés por divorcio”, eran en realidad signos de una enfermedad incurable.
A pesar de las dificultades que enfrenta, su historia se ha convertido en un testimonio de lucha y concienciación sobre enfermedades que podríamos pasar desapercibidas. En MILENIO te contamos su historia.
En 2019, tras el fin de su matrimonio de 35 años, Diana comenzó a notar que algo no estaba bien. Su movilidad empezó a deteriorarse, cayéndose sin razón aparente, lo que le generó confusión y miedo.
“Me caí en el baño y me golpeé la cabeza en la ducha”, relató sobre uno de los episodios que la hicieron buscar ayuda médica para The Sun.
Un médico de cabecera la derivó a un neurólogo, quien, tras realizar una electromiografía (EMG) para medir la actividad eléctrica de los músculos, le aseguró que sus síntomas eran funcionales y causados por el estrés de su divorcio.
Sin embargo, Diana sentía que había algo más: “Siempre he sido una persona positiva, y esto no se sentía como depresión”, explicó.
A lo largo de tres años, sus problemas empeoraron. Sus músculos comenzaron a debilitarse, su habla se tornó más lenta y aparecieron espasmos involuntarios.
Finalmente, en mayo de 2023, llegó la respuesta definitiva: le diagnosticaron enfermedad de la neurona motora (EMN), una afección degenerativa incurable que afecta la movilidad y la coordinación muscular.
La noticia fue devastadora, especialmente porque los médicos le dieron entre dos y cinco años de vida.
“Recuerdo que el doctor me dijo: ‘No hay cura y el pronóstico es de entre dos y cinco años’. Me quedé en shock y pensé: ‘Dios mío, esto es horrible'”, relató Diana.
En un intento por mantener la calma, adoptó un enfoque pragmático y continuó trabajando como administradora en una escuela primaria hasta noviembre de 2024.
“Necesitaba sentir que tenía control sobre algo”, confesó.
Consciente de los retos que vendrían, Diana se mudó a un bungalow para evitar complicaciones de movilidad.
Con ayuda de la Asociación de Enfermedad de la Neurona Motora (MNDA) de Reino Unido, adecuó su jardín para mayor accesibilidad y comenzó a planear modificaciones en su hogar, como ampliar los marcos de las puertas para una futura silla de ruedas.
Su día a día se ha convertido en un desafío. Actividades simples como cocinar, llevar una taza de té o sacar su tarjeta de crédito se han vuelto complicadas.
“Me encanta cocinar para mi familia y amigos, pero ahora no puedo hacerlo. Socialmente también ha sido difícil porque hablar y caminar se han vuelto tareas agotadoras”, explicó.
También se vio obligada a cortarse el cabello, ya que peinarlo se había vuelto un reto, pero lejos de rendirse, Diana ha decidido aprovechar su situación para generar conciencia sobre la EMN, especialmente entre las mujeres.
“Sigo buscando mi fecha de caducidad, pero no hay ninguna.
Así que sigo adelante”, expresó con determinación. Se ha unido a grupos de apoyo y ha encontrado una comunidad que la ayuda a sobrellevar la enfermedad.
Pese a todo, mantiene la esperanza de vivir el mayor tiempo posible y anima a otros a no rendirse ante un diagnóstico devastador.
“Una vez que recibes un diagnóstico, algo tan traumático como la enfermedad de la neurona motora, no es el final, es el comienzo de un nuevo viaje”.
Crédito: Milenio