
El PAN nunca decepciona: siempre que presume ser la reserva moral de México, aparece un nuevo escándalo que confirma que su ética es de saliva y su honestidad de escaparate. El más reciente: la sustitución de 900 kilos de cocaína por leche en polvo dentro de la mismísima FGR, con funcionarios investigados y, entre ellos, Sergio Taboada Cortina, hermano del panista Santiago Taboada, estrella azul del Cártel Inmobiliario en la CDMX.
Nada nuevo bajo el sol: el panismo lleva décadas administrando un doble discurso. Con Felipe Calderón lo vimos clarito: el país bañado en sangre, mientras su secretario de Seguridad, Genaro García Luna, hacía negocios con el narcotráfico y hoy purga condena en Estados Unidos. El discurso era “guerra contra el crimen”; la realidad, “pacto con el crimen”.
Y si de monumentos a la corrupción hablamos, Puebla tiene su propio museo al aire libre. Ahí están las obras de relumbrón disfrazadas de progreso, pero que no fueron otra cosa que PPS: Proyectos para Saquear. Obras concesionadas a la iniciativa privada por 30 años, con deuda disfrazada y costos inflados: el Museo Barroco, el CIS, el Auditorio Metropolitano remodelado, la innecesaria “Rueda de la Fortuna”… verdaderas “Estelas de Luz poblanas”, que nos dejaron hipotecados por generaciones.
Mientras tanto, los panistas locales beneficiados se daban golpes de pecho hablando de “orden” y “modernidad”. En los hechos, apostaron el futuro de Puebla a constructoras y bancos, mientras llenaban bolsillos.
Porque sí, en el PAN también florecieron gobernadores, diputados y senadores como Guillermo Padrés de Sonora, Luis Armando Reynoso de Aguascalientes, Francisco Kiko Vega de Baja California, Ignacio Loyola de Querétaro, Diego Fernández de Ceballos, Margarita Zavala y Felipe Calderón, Genaro García Luna, Fernando Larrazábal de Nuevo León, Jorge Romero Herrera, Juan Camilo Mouriño, Ricardo Anaya, Javier Lozano, Eduardo Rivera, etc., con vidas de lujo imposibles de explicar: casas en zonas exclusivas en cualquier parte del mundo, viajes por el mundo, relojes que cuestan lo que gana un obrero en toda su vida, departamentos, casas y ranchos. ¿De dónde salió todo eso? Nunca hubo una explicación convincente.
Lo del “cambio por un México honesto” fue puro teatro. El PAN no solo abrazó las mismas prácticas del PRI que tanto condenaba; las perfeccionó. Privatizó, endeudó, se enriqueció y blindó a los suyos con pactos de impunidad.
Hoy, los Taboada son apenas la punta visible de ese iceberg azul. Porque lo que se investiga en la FGR no es un caso aislado: es la radiografía de un partido que se ha alimentado de negocios sucios, mientras ondea la bandera de la moral.
En pocas palabras: el PAN siempre ha sido experto en transformar la cocaína en leche en polvo… y la corrupción en “buen gobierno”.
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