
Será la baja de Pedri, serán los problemas en la presión, serán los desajustes defensivos, pero es evidente que algo pasa con el Barça, que en dos partidos ha perdido buena parte de sus opciones en la Copa del Rey y el liderato en LaLiga.
Más allá de la queja formal realizada a la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) y al Comité Técnico de Árbitros (CTA) por los arbitrajes y el fallo del VAR en el Metropolitano, que no sirvió para nada visto el error en el 2-1 por un claro pisotón de Echeverri a Kounde, algo más profundo pasa con el Barça de Hansi Flick.
Es de tal calado que ni el técnico alemán, todo un experto en la lectura de los partidos y que ha salvado muchos puntos gracias a su rectificación en los descansos, anda muy fino en este aspecto.
De hecho, en la víspera del encuentro de Montilivi, Flick tenía claro el análisis: “Tenemos mucha calidad, podemos ganar a cualquiera, pero, si no estamos centrados, pasa lo que pasó en los primeros 45 minutos del Metropolitano”.
En Girona esta situación se acrecentó. El partido se convirtió en un ida y vuelta infinito y suerte tuvo el Barça de la buena actuación, nuevamente, de su meta Joan Garcia, determinante para mantener vivo el encuentro.
Estas son algunas de las claves que explican la mala racha del Barça:
Su aportación es determinante. No únicamente por lo mucho que contribuye en la creación, sino también en el posicionamiento del equipo. Su presencia hace mejor a Frenkie de Jong y a los mediapuntas, permite mayor estabilidad defensiva y también proyección en ataque. Su vuelta, que podría producirse ante el Levante, es esperada por el equipo como agua de mayo.
Es una de las señas de identidad del Barça, pero la ha perdido. El equipo se ha destensado, no recupera en la primera línea como era habitual y, en cuanto se abren las líneas de pase, el equipo está tan desestructurado que los rivales percuten en una defensa de mantequilla.
Que de Jong es mejor cuando juega con Pedri es una constatación, pero sin el canario, el neerlandés pocas veces brilla. Flick ha decidido suplir la baja de Pedri no con un centrocampista al uso, sino con un mediapunta: Dani Olmo; y el Barça se ha desnaturalizado. Los dos acompañantes de Frenkie: Casadó y Bernal no cuentan con la confianza del técnico; el primero parece haberla perdido desde hace tiempo; con Bernal, Flick va con mucho cuidado a la hora de ofrecerle minutos.
Los rivales ya conocen el libreto del Barça. El juego a la espalda con una defensa en línea adelantada reporta muchas acciones de peligro para los rivales y graves problemas para los azulgrana como se ha demostrado repetidamente en este curso.
Es otra evidencia. En Girona, por ejemplo, el Barça creó múltiples ocasiones de gol, remató dos veces al palo, una de ellas tras errar un penalti, y generó ocasiones como para resolver antes el choque.
La distancia entre líneas es una evidencia y la superioridad numérica del rival complica las opciones del equipo de Flick. Además, en partidos a ida y vuelta, los azulgranas casi siempre tienen las de perder.
Como anécdota, todo ello está sucediendo desde que Joan Laporta decidió que era el momento de poner en marcha la máquina electoral para celebrar los comicios en mitad de la temporada. La teoría de que no hay rival en las urnas para ser reelegido como presidente si el balón entra ha quedado en entredicho, al menos de momento.