El medio tiempo de Bad Bunny

Apple Music Super Bowl Lx Halftime Show

Hubo un tiempo en que el “espectáculo de medio tiempo” del Super Bowl era el certificado oficial de haber alcanzado el Olimpo musical. Si no pasabas por ese césped sagrado durante unos 15 minutos entre el segundo y tercer cuarto, no eras realmente una leyenda global. Sin embargo, llegó Benito Antonio Martínez Ocasio y decidió que las reglas del juego ya no aplicaban. Ver a Bad Bunny en este escenario de escala masiva no es solo presenciar un concierto; es observar un cambio de guardia cultural, una contraconquista.

Más que música, un manifiesto. Lo que hace el Halftime Show de Bad Bunny (literal o figuradamente) fascinante es que no intenta agradar a quien no lo entiende. Mientras otros artistas latinos de décadas pasadas tuvieron que “traducir” su esencia al inglés o suavizar sus ritmos para el mercado anglo, Benito se plantó con un micrófono y un español cerradísimo de Vega Baja, Puerto Rico. En un contexto y con un sabor latino real, con un homenaje a lo que ser latinoamericano y americano realmente representa, no con el blanqueamiento cultural que por décadas ha dominado las pantallas para cubrir en Hollywood la vacante de “latino” como una producción exige que sea.

Una historia puramente humana y auténtica; porque qué puede ser más latino que una boda popular (el final feliz por excelencia) o un niño dormido en 3 sillas porque la fiesta no terminará pronto. No hay disfraces de estrella pop prefabricada, sino visibilidad de eso que el estadounidense niega y lo que muchos mexicanos y de otras nacionalidades a veces queremos esconder para encajar, pero que a todas luces es tan latino y tan americano como cualquier forma de vida que hay en nuestro continente.

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Desde camiones en movimiento, islas flotantes y un repaso histórico por el nacimiento de su ritmo por excelencia, esta puesta en escena cuenta la historia de un Caribe que es paraíso y resistencia, dejando a la vista una identidad que hoy se crucifica y persigue. En un mundo de hiper- masculinidad, en un escenario de machismo por excelencia, el “Conejo Malo” se presenta como la figura que rompe el molde sin perder la calle. Y si analizamos su capacidad de convocatoria, el debate ya no es si Bad Bunny “está a la altura” de un show de medio tiempo, sino si esos escenarios son lo suficientemente grandes para su narrativa.

Para nadie es un secreto que la NFL, al igual que muchas otras ligas deportivas buscan acercarse a generaciones más jóvenes, que no se interesaron por sus disciplinas, dejando como único público a un grupo de mayor edad, que ya no resulta redituable y que no aporta certeza a sus finanzas futuras. Esto lo vimos recientemente con el fenómeno Taylor Swift / Travis Kelce que reacciones tan encontrada entre los fans de siempre y los neófitos provocaron. Una telenovela que para muchos terminó por cansar. Pero Benito ha logrado algo más allá de un Halftime Show, algo que parecía imposible: que el centro del mundo musical se desplace hacia el sur del continente americano, sin escalas en Miami o Los Ángeles.

También una polarización política y social que justo evidencia los problemas cuando un grupo de personas intenta tomar su lugar en el mundo, sin guerra y sin pisoteos, solo siendo fiel a uno mismo, a sus raíces y su identidad, porque ser real para muchos incomoda: “No se trata de ser el más grande, sino de ser el que más lejos llegó siendo exactamente quien dijo que sería.” Un “medio tiempo” que celebra la vida, la familia, la identidad sobre la adversidad; la herencia cultural que también es americana. El intermedio en el que la música latina dejó de ser un género de nicho para convertirse en el estándar global. Al final del día, les guste o no su voz, es imposible negar que el mundo hoy late al ritmo de un reguetón y una identidad que no pide perdón, no pide permiso y, sobre todo, no necesita subtítulos.

ANGEL SARMIENTO
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