El nuevo entorno: BANI

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En la columna pasada hablamos de los entornos VUCA: volátiles, inciertos, complejos y ambiguos. Ese marco nos ayudó durante años a entender por qué planear dejó de ser un ejercicio de certezas y por qué dirigir una empresa exige adaptación constante. Pero el mundo siguió acelerándose, se tensó… y VUCA empezó a quedarse corto.

Por eso hoy, al inicio del año 2026, vale la pena hablar de un concepto más reciente: el entorno BANI. El término fue propuesto a inicios de esta década por el futurista estadounidense Jamais Cascio, como una evolución de VUCA para describir un mundo posterior a grandes shocks —pandemia, aceleración digital, hiperconectividad, polarización— donde el problema no es solo «cambiar rápido», sino quebrarnos, angustiarnos, reaccionar de forma desproporcionada y no entender del todo lo que ocurre, incluso con datos.

BANI significa: Brittle, Anxious, Nonlinear, Incomprehensible. En español: frágil, ansioso, no lineal e incomprensible. Frágil, porque muchos sistemas que parecían sólidos —cadenas de suministro, modelos de negocio, reputaciones, instituciones— se rompen de golpe ante una crisis. Ansioso, porque vivimos saturados de información, alertas y opiniones, y eso se traduce en estrés, miedo y parálisis en la toma de decisiones. No lineal, porque la relación causa–efecto dejó de ser proporcional: un pequeño evento puede detonarlo todo y un gran esfuerzo puede no mover nada. E incomprensible, porque aun con big data, tableros e inteligencia artificial, hay dinámicas que simplemente no se explican con claridad.

¿Y cómo se siente esto en el emprendedor? Se siente como operar con el acelerador pegado y la visibilidad baja. Se siente como estar apagando fuegos, como vivir en modo «reacción». Aparece el cansancio mental, la duda constante y la tentación de irnos a extremos: o control obsesivo o abandono. Y además, no solo nos pasa a nosotros: los equipos también lo sienten. Un entorno ansioso termina generando organizaciones ansiosas.

La buena noticia es que BANI no es una condena; es una invitación a emprender mejor. Nos pide menos rigidez y más diseño. Menos héroes solitarios y más líderes conscientes.

Algunas pistas prácticas para navegar este entorno:

Cambiar fortaleza por resiliencia.

No se trata de ser indestructibles, sino de poder doblarnos sin colapsar. Diversificar ingresos, reducir dependencias críticas, tener planes B y C, y cuidar lo básico de la operación es parte de la nueva disciplina.

Diseñar calma en medio de la ansiedad.

En contextos ansiosos, el liderazgo aporta claridad. Priorizar pocas cosas, comunicar con frecuencia y explicar el porqué de las decisiones baja el ruido y sube la confianza.

Pensar en portafolio, no en una sola apuesta.

En lo no lineal, es más inteligente probar en pequeño, experimentar rápido y aprender, que apostar todo a un plan «perfecto». La velocidad de aprendizaje se vuelve una ventaja competitiva.

Aceptar que no todo se entiende, pero sí se puede gestionar.

Simplificar, usar modelos claros, definir indicadores esenciales y apoyarnos en criterio humano (más que en la ilusión de control total) nos permite avanzar.

Invertir en personas antes que en procesos.

La adaptabilidad real nace de equipos con confianza, colaboración y capacidad de aprendizaje. Si fortalecemos el vínculo, la cultura y la conversación, el cambio deja de ser amenaza y se vuelve práctica.

Emprender en BANI requiere menos obsesión por la certeza y más conexión con el propósito. Porque si algo sigue siendo estable en un mundo frágil y ansioso, es que emprender con sentido, humildad y aprendizaje continuo sigue siendo nuestra mejor brújula.

Foto: Especial

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