Emprender con atención plena

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En el mundo del emprendimiento hablamos mucho de estrategia. Pero poco hablamos de algo que, silenciosamente, determina la calidad de nuestras decisiones: nuestra mente.

En los últimos años se ha popularizado el término mindfulness, que podríamos traducir como «atención plena». Aunque hoy lo asociamos con liderazgo y productividad, su origen es mucho más antiguo. Proviene de prácticas contemplativas orientales, especialmente del budismo, donde la palabra sati alude a la capacidad de estar consciente del momento presente sin juicio.

En el siglo XX, médicos e investigadores como Jon Kabat-Zinn llevaron esta práctica al ámbito científico, desarrollando programas de reducción de estrés basados en mindfulness en hospitales y universidades. A partir de ahí, la psicología positiva y el liderazgo organizacional comenzaron a estudiarlo como una herramienta para mejorar la toma de decisiones, la regulación emocional y el desempeño ejecutivo.

¿Y qué tiene que ver esto con emprender? Mucho.

Nosotros, los emprendedores, vivimos en permanente estado de alerta: clientes que no pagan, colaboradores que fallan, mercados que cambian, competidores agresivos, inversionistas exigentes. Operamos en entornos VUCA o BANI y, sin darnos cuenta, normalizamos la ansiedad como si fuera señal de éxito.

El problema es que una mente acelerada decide mal y se equivoca.

La atención plena no es dejar de trabajar ni volverse contemplativo en exceso. Es entrenar la capacidad de observar antes de reaccionar.

Aplicar mindfulness al emprendimiento implica al menos cinco prácticas concretas:

  1.  Iniciar el día con intención, no con urgencia.Antes de revisar el celular, preguntarnos: ¿qué es verdaderamente importante hoy? No todo lo urgente es estratégico.
  2. Observar nuestras emociones al tomar decisiones financieras.¿Estamos invirtiendo por visión o por miedo? ¿Estamos recortando gastos por estrategia o por pánico?
  3. Escuchar con presencia. En juntas de consejo, con socios o colaboradores, muchas veces no escuchamos; solo esperamos turno para hablar. La atención plena mejora la calidad del diálogo y reduce la defensividad.
  4. Practicar micro-pausas durante el día. Tres respiraciones profundas antes de una llamada difícil. Un minuto de silencio antes de una presentación. No es esoterismo; es regulación fisiológica.
  5. Separar identidad y resultado. Nuestra empresa no somos nosotros. Un mal trimestre no define nuestro valor personal. Esta claridad disminuye decisiones impulsivas.

La ciencia muestra que la práctica constante reduce el cortisol, mejora la concentración y fortalece la corteza prefrontal, que es donde se procesan decisiones complejas. En términos simples: pensar mejor requiere una mente menos saturada.

El emprendimiento consciente no es más lento; es más preciso.

La atención plena no elimina los problemas, pero nos permite enfrentarlos con ecuanimidad. Y en tiempos donde los distractores son permanentes, la verdadera ventaja competitiva puede ser una mente entrenada para permanecer presente.

Porque emprender no solo es crear empresas.

Es, también, aprender a gobernarnos a nosotros mismos.

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