La captura de Maduro y la “doctrina Donroe”

La Captura De Maduro Y La "doctrina Donroe" Inauguran Un Nuevo "patio Trasero" Para Trump

Tras la captura de Nicolás Maduro, Donald Trump ha rebautizado la doctrina Monroe, programa político decimonónico que postulaba a Washington como única potencia con influencia en Latinoamérica, como “doctrina Donroe” con la idea de establecer una supremacía regional en “nuestro hemisferio”, como ha dicho el mandatario, y conecte con su máxima de los intereses “Estados Unidos primero”.

“La Doctrina Monroe es muy importante, pero la hemos superado con creces, por muchísimo. Ahora la llaman la ‘Doctrina Donroe'”, aseguró el domingo Trump ante un grupo de periodistas a bordo del Air Force One.

Trump aprovechó la atención mediática generada por la contundente actuación militar que capturó al presidente venezolano para rebautizar esta teoría política articulada por el presidente James Monroe en 1923.

La formulación, que consolidaba por primera vez la idea de Sudamérica con el despectivo concento del “patio trasero” de EE.UU., llegó en un momento en que Washington buscaba mantener fuera de la región a unos poderes coloniales europeos que entonces estaban mejor equipados navalmente que EE.UU.

La resurrección de esta pauta diplomática en torno a las Américas por parte de la Administración estadounidense se conocía ya antes de la operación “Resolución Absoluta” porque apareció destacada dentro de la Estrategia de Seguridad Nacional que la Casa Blanca publicó el 5 de diciembre.

El documento subraya la necesidad de “reafirmar y aplicar la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”, nombre que Washington emplea para referirse a las Américas desde Canadá hasta Ushuaia.

El caso es que la captura de Maduro, que incluyó una misión de infiltración y extracción y ataques desde helicópteros sobre Caracas, La Guaira, Miranda y Aragua que han dejado decenas de muertos y heridos, supone la primera demostración práctica de que Trump no bromea en lo referente a la “doctrina Donroe”.

El republicano y su poder militar fortalecieron la presión contra Maduro desde verano y, cuando algunos predecían que al final se impondría la teoría del TACO (“Trump always chickens out”, “Trump siempre se acobarda”) la Casa Blanca demostró, sacando de la cama a Maduro y depositándolo en una prisión federal de Brooklyn en menos de 24 horas, que el presidente estadounidense se va regir en Latinoamérica por la máxima del FAFO.

El acrónimo FAFO viene a condensar las palabras que pronunció el secretario de Guerra, Pete Hegseth, horas después de ejecutarse la captura de Maduro: “fuck around and find out”, que puede traducirse libremente como “sigue jodiendo y verás”.

Con esto, Washington envía un mensaje preocupante para la izquierda latinoamericana en un momento en que el trumpismo no tiene reservas a la hora de apoyar a políticos de extrema derecha ideológicamente afines con amenazas constantes a Gustavo Petro en Colombia o manteniendo viva la opción del apoyo militar en México contra los cárteles.

También dejan claro que Washington quiere fuera de la región principalmente a China, a la que le quiere cortar el acceso a las cadenas de suministro de minerales e hidrocarburos en Latinoamérica, planteamiento difícil de aplicar dada la naturaleza extractiva de muchas economías regionales que podrían languidecer sin las compras de Pekín.

A su vez, el que en un principio Trump haya desdeñado a la principal líder opositora venezolana, Maria Corina Machado, o al que muchos consideran ganador de los comicios de 2024, Edmundo González Urrutia, y prefiera testar una transición guiada por Delcy Rodríguez y las molduras del chavismo dan a entender que en Washington está priorizando sus intereses económicos -y no tanto la democracia- en Venezuela.

Como dijo este lunes el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johson, la estrategia que han puesto en práctica en Venezuela se basa en “cambiar comportamientos, no regímenes”.

Vistos los cimientos intelectuales sobre los que se sostiene el movimiento MAGA (Hacer a EE.UU. grande nuevo), que pasan por perpetuar una identidad “blanca y cristiana” en un país que consideran amenazado, al igual que Europa, por el llamado “gran reemplazo” todo apunta a que Trump busca ahora en Venezuela un Gobierno que pueda ofrecer la colaboración total que brinda, por ejemplo, el de Nayib Bukele en El Salvador.

Esto es, mano dura contra el crimen organizado y ayuda en sus políticas de deportación de inmigrantes, a los que demonizan vinculándolos sin fundamento en los datos a mayor criminalidad, y cuya afluencia, desde el prisma trumpista, amenaza al país en términos raciales, culturales y lingüísticos.

Esta idea de que lo que pasa en Venezuela es de interés nacional es la que Trump debe vender ahora a sus bases, a las que prometió no gastar dinero en conflictos extranjeros.

En ese sentido, el Departamento de Estado compartió hoy un mensaje en X que va claramente en esa dirección: “Este es NUESTRO hemisferio y el presidente Trump no permitirá que nuestra seguridad sea amenazada”.

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