La Creación del Monstruo

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A lo largo de la historia de la literatura, la creación del monstruo dentro de las narrativas ha estado complejamente influida por los contextos sociales y políticos del autor. En el libro Skin Shows: Gothic Horror and the Technology of Monsters, el académico Jack Halberstam presenta un argumento donde explica cómo la creación del cuerpo “monstruoso” es dependiente directamente de los miedos raciales, sexuales y de clase, que ponen en peligro la idea de la “nación” en el contexto socio-político del autor. Por ejemplo, dentro de la ficción gótica, Drácula representa una amenaza a la homogeneidad de la burguesía europea por sus ímpetus sexuales perversos, acompañados de la identidad de un migrante de una tierra lejana y desconocida con costumbres diferentes. Asimismo, la creatura de Frankenstein es percibida como una antítesis a la gestación o la idea del creacionismo cristiano. Halberstam presenta la perspectiva de que la monstruosidad (y por ende, el miedo que esta provoca) es una idea influenciada por la historia social del momento, en lugar de ser una patología psicológica universal (Halberstam 2). Es decir, que el monstruo no es un concepto universal estático que representa un terror puro fuera de los límites sociales, sino un reflejo de lo que la población teme en ese momento en particular, y por influencia de las ideologías gubernamentales o nacionalistas. Un inmigrante, una mujer sin hijos, alguien que desvía el orden sexual de la heterosexualidad, o que existe fuera del binario del género, representa la base de la creación del monstruo gótico.

En estos momentos estoy leyendo Te di Ojos y Miraste las Tinieblas de Irene Solà; una novela que ha ganado aclamación desde su publicación en 2023. Y algo que me llamó la atención es que los elementos relacionados al terror están anclados a el cuerpo humano, en particular el de las mujeres, como algo siniestro a consecuencia de rasgos “malogrados”; deformaciones, vejez, falta de dientes y piel caída (cuando termine el libro habrá una reseña de este más a fondo), sin embargo, esta corriente del cuerpo femenino “extraño” como signo del terror o la maldad ha estado abundantemente presente en el cine de terror contemporáneo. En películas como La Sustancia (The Substance)o La Hora de la Desaparición (Weapons), el epítome del horror, de la enfermedad y de la perversidad es el cuerpo de una mujer anciana. Esta inversión de una figura que socialmente se entiende como un cuerpo inofensivo (la imagen de una abuelita o anciana dulce y protectora) se convierte en el hogar donde se esconde lo contrario. Ya sea por innovación dentro de las narrativas de terror, o como una forma de crear algo con valor de shock, el cuerpo de la mujer “imperfecta” y en especial, anciana, se ha convertido en un símbolo cultural de la maldad.

Esto me hace regresar a la noción folklórica e histórica de las brujas: como la percepción de las mujeres pobres, de áreas rurales, o que caen fuera de las expectativas sociales de lo que una mujer debe ser, fue asociada con la magia negra, el diablo y la violencia pasiva que ocurre a través de la brujería. Pienso que es momento de cuestionarnos el por qué esta imagen invertida del cuerpo femenino como un cuerpo “desviado” para representar el mal ha tenido un incremento en el contexto histórico y político que vivimos contemporáneamente. Donde el conservatismo está incrementando drásticamente, la ultraderecha arrasando elecciones, y el tradicionalismo se ha vuelto una moda a seguir.

Bibliografía

Halberstam, Jack. Skin Shows: Gothic Horror and the Technology of Monsters. Duke University Press. 1955.

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