La inteligencia artificial está destruyendo la literatura

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Opinión

            Durante los últimos dos años se ha visto un incremento drástico en el uso de la inteligencia artificial en la vida diaria de las personas: yendo más allá de la promesa original de hacer el trabajo más eficiente. Modelos de lenguaje como ChatGPT dominan las pantallas de estudiantes en aulas universitarias, y se han convertido en las plataformas de investigación y búsqueda más empleadas por tanto jóvenes y adultos a pesar de su poca credibilidad, desastroso impacto ambiental y consecuencias en el pensamiento crítico de las personas. Desde una perspectiva personal, quiero decir que la inteligencia artificial ha sido una de las tecnologías menos atractivas para mí. De esta manera, me gustaría discutir desde una perspectiva más amplia las consecuencias que el uso de estos modelos de lenguaje está teniendo en la literatura comercial y de nicho.

            Desde el lanzamiento de la inteligencia artificial generativa, se han abierto debates sobre los derechos de autor y la propiedad intelectual. Estos modelos están entrenados con información y contenido que ya existe en el internet. Hace unos semestres, una de mis compañeras de la universidad confesó que presentó todas las historias de ficción escritas por sus compañeros de clase a ChatGPT, para que este le diera comentarios y reseñas que ella pudiera utilizar en clase a la hora de tener nuestro círculo de edición. Mi reacción inmediata fue de enojo y frustración: ¿cómo puedes estar tomando una clase de escritura creativa en la que no te tomas el tiempo siquiera de leer las historias de 10 páginas de tus compañeros? ¿Para qué elegir una carrera dentro de las artes si el mismo acto de crear y pensar críticamente va a ser automatizado? Después de esta reacción inicial, vino la preocupación de que las obras literarias de una clase entera, las cuales no habían sido publicadas todavía ni estaban a la disposición del público en general, habían sido cedidas a un modelo que funciona en base a lo que consume. Llevando a la posibilidad de que si alguien, en algún momento le pide a ChatGPT que escriba una historia con características similares a la de alguien en la clase, su historia pueda ser utilizada para entrenar a este modelo. ¿Dónde queda la propiedad creativa entonces?

            Este es un ejemplo muy específico, pero a gran escala se puede observar cómo hay personas que han comenzado a “escribir” libros con inteligencia artificial: de poesía, ensayos, ficción, etc. En especial, en el mercado de los libros para niños. El problema con esto es que el proceso creativo se vuelve algo desechable. ¿Para qué aprender a escribir si simplemente le puedes pedir a una máquina que lo haga por ti? La automatización de la creatividad lleva a una consecuencia clara: la pérdida de la curiosidad. Hace unos días, vi en redes sociales un vídeo de una mujer que compró Cumbres Borrascosas de Emily Brontë tras ver la reciente adaptación de Emmerald Fennel. Pero al tratar de leer el primer capítulo y encontrar un párrafo que tenía una decena de palabras que esta persona no reconocía, decidió dejar de leerlo. La inhabilidad de tener curiosidad, de querer aprender, entender o cuestionarse el conocimiento propio está siendo erosionada por la “conveniencia” de la inteligencia artificial usada inadecuadamente. La pasión humana detrás de las artes es lo que las hace valiosas. Si automatizamos todo lo que nos causa una emoción, ¿cuál es el propósito de vivir, si sólo vamos a crear a medias?

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