La oficina mexicana

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Cuando se anunció que Prime Video se atrevería a hacer una versión mexicana de The Office, el escepticismo fue la respuesta automática del internet. ¿Cómo se atreverían a tocar una “vaca sagrada” de la pantalla chica estadounidense? ¿Cómo competir con el Michael Scott de Steve Carell o el David Brent de Ricky Gervais? Sin embargo, tras su estreno el pasado 13 de marzo, la adaptación de esta comedia de situación ha demostrado que no busca ser una fotocopia, sino un proyecto independiente y un espejo real de nuestra propia idiosincrasia laboral.

La genialidad de esta versión de la icónica sitcom de mediados de los 2000 reside en su escenario: Jabones Olimpo, una empresa familiar en Aguascalientes. Ya no estamos ante el aburrimiento gris de una papelera en Pensilvania, sino ante el caos colorido, burocrático y profundamente “picante” de una oficina mexicana.

El comediante Fernando Bonilla (mejor conocido por su papel como “El Diente de Oro”), haciendo en esta ocasión de Jerónimo Ponce III, logra algo dificilísimo: ser desesperante y patético, pero con ese matiz de “mirrey” venido a menos que es puramente local. No es Michael Scott; es el jefe que todos (todos) hemos tenido: el que hereda el puesto y no tiene ni idea de qué está haciendo, pero se siente el “coach” de vida de sus empleados.

El elenco de esta producción mexicana, también ha sido una gran y refrescante sorpresa. La dinámica entre Memo (interpretado por Fabrizio Santini) y Sofi (Elena del Río) —nuestros Jim y Pam— se siente fresca porque sus bromas tienen el ritmo del “chale” y el doble sentido nacional.

Alexa Zuart como Mine es la compañera que siempre nos hace preguntarnos cómo la hace para siempre verse bien, y Giancarlo (Rodrigo Suárez) como el jefe de edecanes es el meme hecho personaje que hace unos años llegamos a ver en redes. Pero quien sin duda alguna se roba el show es el personaje de Aniv Rubio (Edgar Villa); su interpretación del asistente del gerente regional captura esa lealtad ciega y competitividad absurda que tan bien conocemos en las empresas de este lado del mundo.

Lo que hace que La Oficina destaque frente a otros remakes (como el reciente australiano de 2024) es que Gaz Alazraki (creador de Nosotros los Nobles y Club de Cuervos) y Marcos Bucay entendieron que el humor de esta franquicia no está en los chistes, sino en los silencios incómodos y en lo que no se dice; pero sobre todo en lo que refleja de cada lugar en el que se adapta.

La serie de Amazon, ya ha sido renovada para una segunda temporada, y no es casualidad. Ha logrado capitalizar temas que nos duelen y nos dan risa: La “tiendita” informal de Abi (de una Alejandra Ley súper simpática) dentro de la oficina; el responsable de sistemas que apenas sabe usar Excel o el drama de las jerarquías en una cultura donde el jefe siempre tiene la razón (aunque no la tenga). Pero además de ello, ha sabido tocar temas que resultan incómodos, como el machismo y el acoso laboral, tratándolo con un humor negro que provoca risas incómodas y nos obliga a confirmar mediante su sátira, la realidad que aún se normaliza en nuestro territorio.

Ver La Oficina se siente como revivir experiencias que la gran mayoría hemos tenido en algún momento de nuestra vida y es, en palabras de sus creadores, un “cover” bien ejecutado. Es el “cover” que no sabíamos que queríamos; no borra el legado de las anteriores, sino que le pone salsa y nos recuerda que, no importa en qué parte del mundo estés, siempre habrá un jefe incómodo, un compañero bromista y un reloj de pared que parece no avanzar nunca.

Si todavía no han visto esta serie y sin importar si vieron el material original, vale mucho la pena darle una oportunidad. Sus 8 episodios están ya disponibles en la plataforma y la única queja es que sean tan pocos, pero les puedo prometer que la incomodidad será absoluta… y absolutamente divertida.
Angel Sarmiento
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