Los derechos musicales, una pesadilla vestida de Minion

Los Derechos Musicales, Una Pesadilla Vestida De Minion

 Es el “beat” que marca el ritmo, el “punch” que subraya un gesto concreto o el clímax que corona una coreografía para que no resulte plana. Pero encontrar la música adecuada no es sencillo, como bien sabe el patinador español Tomás Guarino y su programa corto de los Minion.

Guarino, de 26 años, se enteró a solo cuatro días del inicio de los Juegos Olímpicos Milán-Cortina 2026 que se veía obligado a cambiar su programa corto por “problemas con los derechos de autor”, según explicó en sus redes sociales.

Aunque este jueves aseguró que está en “los últimos pasos” para competir con su programa corto tal y como tenía previsto, después de que Universal Studios le diera los derechos de dos de las cuatro canciones que usa, la realidad es que la gestión de los derechos musicales se ha convertido en un entramado cada vez más complejo.

Canciones disponibles solo en determinados países, durante un tiempo limitado o bajo condiciones muy restrictivas, la entrenadora de la pareja de patinadores formada por Sofía Val y Asaf Kazimov, Sara Hurtado, confiesa en declaraciones a EFE que “cada programa es una batalla”.

ClicknClear, la solución

La Unión Internacional de Patinaje sobre Hielo (‘ISU’, por sus siglas en inglés) exige que los patinadores se responsabilicen de la gestión de los derechos de autor de la música que eligen a través de una plataforma impulsada por ellos llamada ClicknClear, que ofrece música libre de derechos o con licencias temporales, delimitadas por país y titularidad.

Esta limitación, lamenta Hurtado, frena la evolución y la contextualización del deporte. “No poder usar músicas actuales se ha convertido en un hándicap muy importante”, declara.

Mostrar algo nuevo y refrescante que, “no resulte repetitivo” y permita “mostrar mejor el estilo y la personalidad” de los patinadores es todo un reto. Porque, a pesar de que Vivaldi sea un clásico recurrente, “Billie Eillish puede llegar a las nuevas generaciones”.

Nuevo mercado para la industria musical

La llegada del ‘streaming’, las normativas sobre música online (especialmente con plataformas como YouTube) y las exigencias técnicas han hecho obligada una edición profesional.

“Desde el principio, los deportistas tienen que contar con alguien que se encargue de esto”, explica. “Muchos han aprendido a hacerlo por ellos  mismos; otros recurren a productores”. El problema, subraya, es que el coste y la gestión de los derechos recaen ahora en el patinador.

Para Hurtado, la solución pasa por “hacer la música desde cero”, sobre todo en disciplinas como la danza libre que no tiene las restricciones de la rítmica. Una oportunidad para la industria musical y la composición.

Hay “entrenadores que han montado cortes hechos con IA”. Hurtado cree que “es un gris complicado que hay que pulir para salvaguardar la parte que le corresponde al artista”.

No es la primera vez que multan a patinadores como a los patinadores estadounidenses Alexa Knierim y Brandon Frazier por usar “House of the rising sun” sin los permisos necesarios. Ahora, es Guarino quien ha visto peligrar su programa corto de los Minion por los derechos. 

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