
El sismo –de magnitud 7.7 y 10 kilómetros de profundidad–, tuvo su epicentro cerca de Mandalay, la segunda ciudad más importante del país, con aproximadamente 1.5 millones de habitantes y disputada por las fuerzas oficialistas y la oposición prodemocrática del Gobierno de Unidad Nacional.
Tras el devastador terremoto en Myanmar, el 28 de marzo, la cantidad de personas fallecidas suma a 2 mil 886, mientras 4 mil 600 resultaron heridas y 373 permanecen desaparecidas, de acuerdo con el informe más reciente de la junta militar.
La ciudad de Mandalay se fundó en 1857, por el rey Mindon; tuvo gran importancia comercial y cultural por ser un centro de producción de laminado de oro, así como un destino turístico popular; sin embargo, en los últimos años este centro urbano se ha empobrecido por la guerra civil que sufre la nación.
El sismo derribó viviendas, templos, hoteles y complejos de apartamentos en Mandalay; las instalaciones médicas tienen capacidad limitada, escasez de personal y daños, además, la ineficiente infraestructura de la ciudad es un factor que obstaculiza las labores de rescate, de acuerdo con los equipos de búsqueda y ayuda humanitaria.
Este martes, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y Médicos Sin Fronteras (MSF) indicaron que la falta de agua potable, comida y medicina, es una amenaza contra la ciudad, donde miles de residentes duermen en tiendas de campaña o en las calles, cerca de cadáveres, con riesgo de propagación de enfermedades.
“Las penurias en términos de agua y saneamiento pueden convertirse en brotes de enfermedades (…) No debemos olvidar que hace unos meses varios municipios de Mandalay registraron enfermos de cólera”, dijo Fernando Thushara, representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Myanmar.
El jefe militar, Min Aung Hlaing, afirmó que el número de muertos podría ser mayor a 3 mil, sin embargo, el Servicio Geológico de Estados Unidos indicó que era muy probable que superaran los 10 mil fallecimientos, con base en la ubicación y la magnitud del terremoto.
“Es muy preocupante. Myanmar se ha visto afectada por muchísimos desastres, algunos naturales, otros provocados por el hombre. Todos estamos muy cansados. Nos sentimos desesperados e impotentes”, dijo un pastor local a la BBC.
Luego de su independencia del Imperio Británico en 1948, Myanmar (antes Birmania), nunca logró una estabilidad política, siendo objeto de gobiernos militares, golpes de estado y fracasos económicos.
En 2011 inició una transición democrática que, cuatro años más tarde, terminó en elecciones libres, ganadas por la opositora activista Aung San Suu Kyi.
Sin embargo, en 2021, su gobierno fue derrotado por un golpe de estado liderado por el general Min Aung Hlaing, quien ordenó la detención de Suu Kyi y otros miembros de la administración, acusándolos de un fraude generalizado en una votación previa, cuando su partido – la Liga Nacional para la Democracia–, ganó con más del 80% de votos.
El golpe trajo consigo protestas de miles de personas que exigían la restauración del gobierno civil, lo que desencadenó violencia entre ciudadanos y militares, estos últimos respondieron con fuerza brutal.
De acuerdo con organizaciones en favor de derechos humanos, se estima que cientos de personas murieron y miles resultaron heridas en los actos de represión.
El conflicto, que perdura desde hace cuatro años, entre ambos bandos, ha generado una crisis humanitaria “sin precedentes” en el país, indicó la ONU; mientras el Programa Mundial de Alimentos, señaló que 15 millones de personas – cerca de un tercio de la población– no tienen recursos para satisfacer sus necesidades alimenticias.
Crédito: Procesp