
La cinematografía y los documentales que exploran la vida de los primates suelen tener un efecto perturbador en la audiencia. Parece que al observar a un chimpancé, a un gorila o a un orangután, no solo vemos a una especie no tan distinta a nosotros, sino que nos enfrentamos a un espejo biológico que nos devuelve una imagen cruda de nuestras propias emociones, miedos y estructuras sociales.
Justo en esa línea, acaba de estrenarse este enero de 2026 la cinta de horror “Primate”, dirigida por Johannes Roberts (el mismo de 47 Meters Down) y protagonizada por Johnny Sequoyah. Una película que utiliza el subgénero de “animales asesinos” para darnos una experiencia bastante intensa y sangrienta. Una historia que nos sumerge en esa zona gris donde la curiosidad científica choca con la ética moral; pues a menudo, bajo la bandera del “progreso” o del “entendimiento”, hemos extraído a seres de su entorno natural, olvidando que su inteligencia no es un boleto para nuestra servidumbre, sino una razón más para su autonomía.
El terror siempre ha encontrado en la naturaleza una fuente inagotable de miedos primordiales que llevar a la gran pantalla; lo vimos magistralmente con el primer blockbuster de la historia, “Tiburón” del maestro Steven Spielberg. Sin embargo, “Primate” lleva este terror a un terreno mucho más íntimo y doloroso: el núcleo familiar. No estamos ante un monstruo desconocido que surge de las profundidades, sino ante Ben, un chimpancé que fue criado como un miembro más de la familia y que, tras contraer rabia por la mordedura de un animal silvestre, se convierte en una máquina de matar imparable; lo que más que físicamente doloroso, puede resultar sentimentalmente debastador para muchos de nosotros, los amantes de los animales.
La premisa de la película puede ser algo torpe y trillada —un grupo de jóvenes atrapados (en este caso, en una piscina infinita en Hawái), acechados por un simio que domina perfectamente el perímetro— pero, funciona como una metáfora perfecta de nuestra frágil superioridad humana y la falta de respeto por la vida salvaje bajo el argumento del progreso y la equidad. Lo que hace que Primate pretenda ser más que un simple slasher gore es el trasfondo de Ben. Fue parte de un experimento lingüístico de una madre ya fallecida; habla a través de una tablet y recibe peluches como regalo. Al ver a Ben sucumbir a una enfermedad, los espectadores sentimos una dualidad incómoda: terror por los protagonistas, pero una profunda tristeza por el ser.

La historia de Ben, no es la de un villano por elección. Es la crónica de una criatura atrapada entre dos mundos que no le pertenecen. Criado bajo el lenguaje humano y luego empujado por una enfermedad atroz (la rabia) hacia una violencia que no puede controlar, no es solo el agresor; es, en esencia, la víctima más triste de la película.
Para quienes sentimos una conexión especial con la vida animal, esta película deja lecciones que van más allá del susto en la butaca, es una reflexión desde la empatía y el respeto: El peso de nuestra responsabilidad por la vida salvaje, con una narrativa que nos invita a analizar puntos cruciales de la domesticación de lo indomable al despersonalizar la esencia de un ser viviente similar, pero diferente a nosotros. La vulnerabilidad del ecosistema y la ética de la experimentación son claves en esta película, aunque quizá no se desarrollan al punto que pudieron hacerlo, por apostar un poco más al susto convencional.
Al final, el verdadero horror en ‘Primate’ no es solo la violencia de Ben, sino la comprensión de que romper el límite entre lo doméstico y lo salvaje, siendo el primero invasor absoluto del segundo, hace que la naturaleza tarde o temprano reclame su espacio de la forma más cruda posible.
Respetar la vida salvaje significa, ante todo, guardar las distancias. Admirar su belleza y su inteligencia sin la necesidad de poseerlas o transformarlas a nuestra imagen y semejanza. Solo así evitaremos que el espejo que nos devuelven los primates o cualquier otra especie se convierta, como en la pantalla grande, en una pesadilla. Por cierto, la cinta aun está en cartelera para quienes quieran disfrutarla.
ANGEL SARMIENTO
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