
Rusia no olvida la catástrofe nuclear de Chernóbil en su 40º aniversario y ha creado a partir de la energía atómica un nuevo tipo de diplomacia; sin embargo, la gestión de otros desastres evidencian que el Kremlin no ha aprendido mucho de los errores soviéticos.
El Museo ATOM de Moscú inauguró este viernes la exposición ‘Chernóbil: una hazaña del pueblo’ para mostrar la historia del desarrollo de las centrales soviéticas y el trauma que supuso la mayor tragedia nuclear de la historia el 26 de abril de 1986.
Los responsables de la muestra explican cómo fue la percepción de la población del incidente, que las autoridades inicialmente trataron de ocultar, recreando una sala con imágenes de noticiarios de la época.
Al contrario que la Glasnost -la política de transparencia informativa impulsada tras el accidente por el último dirigente soviético, Mijaíl Gorbachov-, el presidente ruso, Vladímir Putin, ha optado por el silenciamiento de cualquier desastre que mancille su imagen de infalibilidad.
La diplomacia nuclear
En los últimos años Rusia se ha volcado en usar la energía atómica para aumentar su influencia en diversos países a través de la construcción y gestión de centrales energéticas.
Después de haber perdido el gas como herramienta geopolítica tras el inicio de la guerra de Ucrania, cuando Gazprom era el gran protagonista a quien todos querían estrechar la mano, las autoridades rusas recurren ahora a su otro brazo energético de poder blando.
Irán, China, Kazajistán, Uzbekistán y recientemente Vietnam son algunos de los ejemplos de países donde Moscú ha iniciado colaboraciones a través de su consorcio nuclear, Rosatom.
No es solo negocio, también es dependencia a través de la gestión de dichas centrales, que se convierten en una fuente de energía clave a nivel nacional.
Está pendiente si Armenia elige Rosatom para que extienda otros 10 años la vida de su central, construida hace 50 cerca de la frontera turca y que sobrevivió a un terremoto en 1988.
Centrales en zonas de combate
La guerra de Irán puso en peligro la central nuclear (Bushehr) que Moscú construye en el sur de la República Islámica después de haber sido alcanzadas sus instalaciones por varios ataques.
El director de Rosatom, Alexéi Lijachov, advirtió en varias ocasiones de los peligros de una explosión y evacuó a casi todo el personal ruso allí presente (unos 600 operarios) para dejar solo a 20 trabajadores.
“La probabilidad de un incidente nuclear lamentablemente no hace más que aumentar”, advertía Lijachov a principios de abril al alertar del peligro de actividades militares en las inmediaciones de la planta, situada en la costa del Golfo Pérsico.
No obstante, la ocupación por el ejército ruso de la central nuclear ucraniana de Zaporiyia, la más grande de Europa y que también ha sido víctima de ataques, pone en duda el compromiso por la seguridad atómica por parte de las autoridades rusas.
¿Es posible un nuevo Chernóbil?
Las autoridades rusas, especialmente Rosatom, tratan de asegurar su posición como operador y proveedor fiable, pero la creciente opacidad de la información y la deficiente gestión de otras catástrofes en el país sugiere que Moscú aprendió más bien poco de Chernóbil.
En los últimos meses Rusia ha acumulado una serie de calamidades que los responsables han esperado el mayor tiempo posible, primero, para informar debidamente y, segundo, para paliar la situación.
En lo que va de año algunos de los desastres han sido el masivo sacrificio de ganado en Siberia para ocultar una supuesta epidemia de fiebre aftosa, vertidos de crudo a causa de los ataques ucranianos en la costa del mar Negro -que han provocado una catástrofe ecológica ignorada por la propaganda oficial-, o la lenta actuación de los servicios de emergencia en las recientes inundaciones en el Cáucaso sur.
El resultado es un esquema comunicativo que exime de toda culpa a Putin, quien ya se retrató al comienzo de su primer mandato en el Kremlin (2000) con el hundimiento del submarino atómico Kursk, cuando rechazó durante días la asistencia extranjera para salvar a los tripulantes.
Hasta famosos cercanos al Kremlin han criticado en las últimas semanas desde las redes sociales a los subordinados del presidente por ocultarle la magnitud de las calamidades que azotan a este país.
Sea como sea, los rusos, según el sondeo publicado el viernes, descartan una repetición de la catástrofe de Chernóbil (75 %) y defienden el desarrollo de la energía nuclear civil (78 %).