
México ya vivió una guerra frontal contra el narcotráfico. La declaró Felipe Calderón en 2006 y el saldo fue devastador: más de 100 mil muertos durante su sexenio, miles de desaparecidos y un país militarizado sin que la violencia cediera. Hubo capturas y abatimientos importantes, sí. Pero la percepción pública terminó asociando aquella estrategia con sangre, fragmentación criminal y un conflicto que se volvió permanente.
El contraste histórico es inevitable.
En Estados Unidos, el abatimiento de Osama bin Laden en 2011 elevó la aprobación de Barack Obama casi de inmediato. En Colombia, los golpes contra Pablo Escobar y posteriormente contra mandos de las FARC fortalecieron momentáneamente a los gobiernos que los ejecutaron. Operativos quirúrgicos con alto impacto simbólico.
En México, durante años, cada “gran golpe” parecía abrir tres frentes nuevos.
Por eso el operativo federal donde fue abatido Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, marca una diferencia política relevante. No por la narrativa épica, sino por la reacción ciudadana.
La encuesta nacional de De las Heras, levantada al día siguiente, muestra que el 88% de la población estaba enterada del hecho. No fue un evento marginal; fue conversación nacional.
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Más importante aún: el operativo obtuvo una calificación promedio de 8.3 . Casi siete de cada diez lo evaluaron entre 8 y 10. En un país donde la seguridad suele ser sinónimo de desgaste político, esa cifra es significativa.
Y el dato que remata: 55% afirmó que mejoró su opinión sobre la presidenta Claudia Sheinbaum tras el operativo.
Después de una década y media en la que los operativos federales solían generar más temor que respaldo, esta vez el golpe fue interpretado como firmeza del Estado, no como guerra sin fin.
La historia enseña que abatir a un líder criminal no desmantela automáticamente la estructura que lo sostiene. Colombia tardó décadas en recomponer su tejido. México aprendió que la fragmentación puede ser más violenta que la concentración.
Pero políticamente, la fotografía es nítida: el operativo no desgastó al gobierno. Lo fortaleció.
Después de la guerra interminable, el electorado parece premiar el golpe quirúrgico.
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