
Suecia vota este domingo desde las 8.00 horas (6.00 GMT) en unas elecciones generales en las que la oposición de centroizquierda llega con ligero favoritismo según los sondeos, aunque el bloque gubernamental de derecha ha recortado la distancia de forma notable en los últimos días.
Las encuestas colocan al centroizquierda por delante con entre 0,5 y 5,6 puntos, cuando hace apenas dos semanas la diferencia era de alrededor de diez, lo que ha hecho aumentar las especulaciones sobre un posible drama electoral como en los comicios de 2018 y 2022, en los que hubo que esperar al recuento del voto exterior.
Más de 3,6 millones de suecos de los 8 millones llamados a las urnas han votado ya por anticipado, un 30 % más que en 2022 y una cifra récord, según la Autoridad Electoral.
Postnord, la empresa pública de servicio postal, ha aludido a ese factor para justificar que en varios lugares de Estocolmo no haya podido enviar los votos anticipados antes de la apertura de los colegios, lo que podría provocar retrasos en el recuento.
Temas como la seguridad y el orden, la inmigración, las medidas contra la crisis inflacionaria, la sanidad y la educación han dominado una campaña en la que han abundado los ataques personales.
“La naturaleza, el clima… Creo que la gente no ha hablado sobre eso, ha habido demasiado silencio sobre el clima en la campaña. Se ha hablado demasiado del crimen y de la gente que viene a Suecia”, explica a EFE el pensionista Carl Söderberg, tras votar en la escuela de Södra Latin en la capital sueca.
Söderberg, que ha votado por el Partido del Medio Ambiente, critica la entrada en la OTAN de Suecia y el apoyo militar a Ucrania y lamenta que la guerra no haya sido un tema electoral y “nadie hable de paz”, porque “es una de las cuestiones más importantes”.
El clima y el medio ambiente son también asuntos relevantes para Maja, una estudiante que asegura que “ha sido difícil tomar una elección” y que “he votado por el partido que considero el menos malo”, aunque no quiere revelar su voto.
A Sebastián Calero, un psicólogo colombiano que también tiene nacionalidad sueca, lo que más le preocupa es la seguridad, en relación a la violencia asociada a las bandas criminales -una de las más elevadas de Europa-, porque aunque “no vas a percibir esa violencia aquí (en el centro), es una realidad que no puedes desconocer”.
Un triunfo del bloque gubernamental supondría la entrada en el gobierno del ultraderechista Demócratas de Suecia (SD), apoyo externo en esta legislatura de la coalición de conservadores, liberales y democristianos, que han prometido incluirlo en un hipotético nuevo gabinete.
En el último debate televisivo de anoche, la líder opositora, la socialdemócrata Magdalena Andersson, reprochó esa promesa al primer ministro, Ulf Kristersson.
“Si soy primera ministra, nunca dejaré que me dirijan fuerzas extremistas, eso es algo que Ulf Kristersson no puede prometer”, dijo Andersson, en cuyo bloque, el Partido de Centro ha asegurado que no respaldará ningún gobierno en el que figure el Partido de Izquierda, que a su vez se niega a ser sólo apoyo externo.
Andersson reiteró que está dispuesta a colaborar con todas las fuerzas salvo el SD y que no tiene “líneas rojas”.
“Eso es una especia de delirio de grandeza, creer que se puede formar gobierno sin mayorías, sin poder aprobar tus propias propuestas y tus presupuestos; es una receta para el caos total”, le reprochó Kristersson.
La posible entrada en el gobierno del SD -segunda fuerza en los anteriores comicios- tampoco deja indiferentes a los electores suecos.
“Pienso que sería muy malo para Suecia. Suecia entraría en decadencia. Miro para atrás, a la Suecia en el tiempo de Olof Palme. Suecia era alguien en el mundo, ahora no es nadie”, lamenta Söderberg.
A Hugo, un estudiante de cine, también le preocupa que el SD suba al poder, “pero, al mismo tiempo, si la gente los vota, qué vas a hacer”.
Calero, que ha votado al Partido Liberal, cree que el resto de fuerzas del bloque gubernamental puede “mantener a raya” al SD, aunque admite su inquietud.
“Obviamente me preocupa, de hecho lo estábamos hablando esta mañana con la familia. Hay un peligro que se corre, sin duda, hay extremos que se pueden incurrir, pero yo soy un fiel creyente en la democracia. Es una democracia parlamentaria y las fuerzas parlamentarias van a poder contener los peligros”, afirma.