
Al margen de la creciente crisis de vivienda que golpea Europa, Viena garantiza desde hace un siglo el derecho a un techo digno, hasta el punto de que el 60 % de sus dos millones de habitantes viven en la actualidad en propiedades subvencionadas por el sector público.
En 2025, de promedio, los vieneses gastaron un 37 % de su sueldo mensual en el alquiler, mientras que en grandes ciudades españolas, como Madrid o Barcelona, los habitantes emplearon de media el 74 % de los ingresos, según datos de la Unión Europea (UE).
El modelo de la vivienda pública y subvencionada de Viena tiene sus raíces en la década de 1920, poco después del final de la I Guerra Mundial y el derrumbe del Imperio Austro-Húngaro.
El Partido Obrero Socialdemócrata de Austria (SDAPÖ) inició entonces lo que se conoce hoy como la época de la ‘Viena Roja’.
A causa de las pésimas condiciones de vivienda tras la Gran Guerra, los socialdemócratas de Viena pusieron en marcha un programa de vivienda pública financiadas mediante un impuesto especial.
“Viena siempre ha considerado la vivienda como una tarea y responsabilidad pública, y lleva décadas invirtiendo en ella”, explica la teniente de alcalde y concejala de Vivienda, Kathrin Gaál.
“La ciudad tiene terrenos, construye continuamente, regula los alquileres y planifica a largo plazo en lugar de reaccionar demasiado tarde”, asegura la funcionaria del partido socialdemócrata SPÖ, la formación que sucedió al SDAPÖ a partir de 1945.
El Ayuntamiento de Viena destina hoy al menos “dos tercios del nuevo suelo residencial a la vivienda social”, asegura Gaál en declaraciones a EFE.
Como resultado, la vivienda protegida y la vivienda de financiación privada se mezclan, contribuyendo a crear “barrios integrales y socialmente mixtos”, destaca la concejala.
El Ayuntamiento de Viena es propietario, copropietario y gestor de alrededor de 220.000 viviendas, es decir, más de la mitad de todas las residencias de la capital.
Además cuenta con más de 200.000 pisos sociales que se construyen con subvenciones del Estado, pero que son propiedad de cooperativas de construcción de viviendas.
Por otra parte, todas las viviendas situadas en edificios construidos antes de 1945 están sujetas a una regulación que limita el precio del alquiler, en muchos casos de forma indefinida.
En 2025, la ciudad invirtió en torno a mil millones de euros en las viviendas públicas, tanto en la construcción de unas 5.500 nuevas unidades como en el mantenimiento de las ya existentes.
Eva Pauschenwein, de 45 años, vive junto a su hija de 18 en una vivienda del Ayuntamiento (‘Gemeindebau’) en el distrito de Floridsdorf, en la periferia norte de Viena.
En declaraciones a EFE recuerda que durante el proceso para acceder a su piso las autoridades del Ayuntamiento se mostraron muy atentas a los detalles para encontrar un lugar adecuado.
“Para mí era muy importante vivir cerca de la escuela de mi hija, para que no tuviera que desplazarse lejos. Después de dos años me asignaron este piso y me gusta vivir aquí”, cuenta Pauschenwein.
Además de proveer una vivienda digna, el Ayuntamiento trata de fomentar la integración de los vecinos en las viviendas públicas, con actividades sociales, educativas y recreativas en centros de reunión en los diferentes distritos.
“Es como mi segundo hogar. Aquí tengo amigos y personas con las que puedo hablar”, explica Pauschenwein sobre esos encuentros.
Peter Musch trabaja como asistente social en uno de esos centros y explica la importancia de ese servicio.
“Es cierto que cuando la gente se hace mayor puede sentirse más sola. Por eso son importantes estos espacios donde la gente puede encontrarse”, cuenta Musch, quien actúa también como traductor, facilitando así la comunicación entre los vecinos de diferentes orígenes.
Las viviendas sociales de Viena son accesibles para todas las personas con residencia legal en la ciudad, tengan o no la nacionalidad austríaca o de algún país de la UE.
El modelo de la vivienda en Viena se ha convertido en todo un referente para ciudades europeas que buscan alternativas al actual modelo de mercado, especialmente en un contexto de crisis de acceso a la vivienda.
Aunque Gaál advierte de que “es difícil copiar con exactitud el modelo de vivienda vienés”, sí asegura que existen aspectos que se pueden adaptar en otras ciudades, como inversión pública a largo plazo y la compra de terrenos, las subvenciones, la protección de los inquilinos y la participación comunitaria.
La socialdemócrata lo tiene claro: “Seguiremos invirtiendo y fortaleciendo la vivienda social, mejorando los estándares de sostenibilidad y adaptando el sistema al crecimiento demográfico y al cambio climático, para mantener la vivienda asequible”.