Wicked: ¿para bien?

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El panorama para una película o evento cinematográfico resulta tan volátil como impredecible en los últimos años, sin importar qué tan consolidada esté una franquicia. Es bien sabido que las segundas partes a menudo decepcionan, y esto se agrava en aquellas producciones que, buscando incrementar las ganancias, deciden dividir sus conclusiones en dos entregas. Este fenómeno se ha visto ejecutado exitosamente en sagas como Harry Potter; pero no tanto en casos como Los Juegos del Hambre; e incluso en aquellas que ni siquiera alcanzaron un final, como Divergente o La Saga de Rápidos y Furiosos, cuya supuesta conclusión hoy parece ser solo el vago recuerdo de una promesa incumplida. Sin embargo, el caso de Wicked, la esperada adaptación del musical de Broadway, me resulta particular.

La llegada de Wicked: For Good, segunda parte de la épica precuela musical del Mago de Oz que explora el origen de las brujas del reino, prometió ser un evento cinematográfico memorable tanto para quienes amaron la puesta en escena como para aquellos que quedaron fascinados con la primera cinta. Una historia que resulta una invitación a reflexionar sobre la naturaleza de la amistad, la propaganda y las verdades contadas a medias, temas que resuenan tanto en la tierra de Oz como en nuestro propio mundo. Y si bien la primera parte brilló por su colorida introducción y números musicales vibrantes, esta conclusión se adentra en un territorio más oscuro, tratando de mantener la calidad visual y el encanto musical aun cuando no cuenta con temas tan memorables, pero apostando por una ambición narrativa que se inclina hacia la emotividad dramática y la tragedia, tal como lo hace el segundo acto de la obra de Broadway y que, al igual que este material original, para muchos resulta algo floja en comparación con el magnífico primer acto de la historia.

Las primeras reseñas de la cinta, que estrena este fin de semana en cartelera (y que tuve oportunidad de ver hace unos días), no han sido las más favorables por parte de la crítica especializada, en comparación con las del público y respecto a la primera parte, aunque para nada desastrosas. Muchos apuntan a que este segundo capítulo se siente por momentos flojo y otros tantos demasiado apresurado, careciendo incluso del impulso y la fuerza del primero, algo que no es novedad para quienes vieron el musical o conocen la obra; pero que, en mi caso personal, para nada resta ni demerita el proyecto en su totalidad, siendo una gran adaptación a la pantalla grande que sabe ser fiel a su origen aun cuando esto implique pasar por una crítica que muchos veíamos venir.

¿Una cinta digna de ver? ¡Por supuesto!

El verdadero corazón de For Good sigue siendo la relación entre Elphaba (la Bruja Malvada del Oeste) y Glinda (la Bruja Buena del Sur). Las actuaciones de Cynthia Erivo y Ariana Grande son, una vez más, el ancla emocional del filme que rescatan y, para mí, llenan los posibles vacíos e inconsistencias en el guion.

La rabia de Elphaba, impulsada por la injusticia de un régimen opresor, la transforma en esa figura siniestra que conocemos, siendo un punto sin retorno para su personaje; aunque poco podemos ver de Erivo en acción, pues Ariana Grande, Glinda, es quien obtiene una profundidad sorpresiva e inexplorada.

Su personaje se convierte en un caramelo actoral para Grande, quien logra transmitir la complejidad de alguien que debe sonreír para el mundo mientras sus ojos reflejan tristeza. Su arco es crucial en esta parte, ya que sus decisiones revelan la delgada línea entre el bien y el mal, y el poder que tiene al ser “querida por todo el mundo” y cómo puede usar esa influencia, para bien o para mal.

Pero sería imposible negar que la película peca en fallos al darnos un salto en el tiempo tan súbito (propio del teatro) y que se ve a veces obstaculizada al encajar tantos elementos en poco tiempo, como los del clásico El Mago de Oz. El tono dramático disminuye a la par que parece llevar bastante prisa en su narración (casi como si hubiera urgencia por concluirla o como si existiera un episodio en el medio que nos perdimos), lo que no es sorpresa para quienes conocemos de qué va Wicked, y no puede ser escandalosamente mala para quienes hace poco más de un año no tenían idea de la historia. Esto me hace incluso cuestionarme qué tanto las críticas de quienes parecen absolutamente decepcionados por lo visto en pantalla responden a una euforia colectiva pasajera propia del espectador actual más que a lo visto propiamente o, en un caso más grave, al contraste de las corrientes de pensamiento que proliferan tan rápido socialmente, y donde pasamos de una idea de tolerancia y aceptación hace solo un año, a un dominio de conservadurismo y al regreso de temas como el racismo en nuestra sociedad moderna. Es como una duda entre qué tanto no es tan buena la cinta y qué tanto, para muchos, simplemente pasó la emoción.

Wicked: For Good honra su origen teatral, aun con los tropiezos de este. Es un viaje emotivo, aunque muy lejos de ser perfecto, que pretende hacernos pensar sobre lo que significa realmente hacer el bien, y su costo. Un trabajo que los más fans pueden disfrutar y que puede valorarse en su totalidad o como dos entregas independientes.

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