La Pregunta que Nadie se está Haciendo

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¿Y si la FIFA termina siendo socia de las ligas?
La economía de escala… ¿Será el siguiente partido de fútbol?
Llevo varios días haciéndome una pregunta.
Y mientras más vueltas le doy, más convencido estoy de que quizá todos estamos viendo la noticia… pero muy pocos estamos viendo la tendencia.
Porque una noticia dura horas.
Una tendencia puede cambiar una industria.
Todos estamos hablando de la posible entrada de inversionistas a la nueva empresa comercial que pretende crear la FIFA.
Hablamos de miles de millones de dólares.
De Joshua Kushner.
De la respuesta de la UEFA.
Del tamaño del negocio.
Y está bien.
Pero sigo pensando que ésa no es la conversación más importante.
La pregunta que no logro sacarme de la cabeza es otra.
¿Estamos confundiendo gobernar el fútbol con ser dueño de la economía del fútbol?
Durante más de un siglo, la FIFA fue, esencialmente, el gran regulador del fútbol mundial.
Hoy pretende dar un paso distinto.
No busca vender el fútbol.
Busca potenciar comercialmente parte de sus activos mediante una empresa especializada.
Puede parecer un detalle técnico.
No lo es.
Es un cambio de modelo.
Y los cambios de modelo rara vez hacen ruido el primer día.
Por eso vale la pena hacer un ejercicio de imaginación.
No una predicción.
Mucho menos una afirmación.
Simplemente una pregunta.
¿Qué ocurriría si dentro de algunos años esa empresa comercial decidiera participar, de manera minoritaria, en compañías que administran los derechos comerciales de algunas ligas profesionales?
No hablo de comprar clubes.
No hablo de decidir campeones.
Ni de controlar calendarios.
Hablo de participar en el negocio.
Porque una cosa es dirigir el fútbol.

Y otra muy distinta participar en la riqueza que genera el fútbol.
La diferencia parece sutil.
En realidad, es enorme.
Y fue ahí cuando inevitablemente pensé en México.
Porque quizá el primer laboratorio de esa discusión ya existe… y casi nadie lo ha notado.
La Liga MX.
Hace apenas unos meses, los dieciocho clubes decidieron crear una empresa para administrar y desarrollar, de manera conjunta, buena parte de sus activos comerciales.
Es un movimiento relevante.
No porque vaya a ocurrir algo mañana.
Sino porque refleja que las ligas también empiezan a organizarse como plataformas de negocio.
Entonces apareció otra pregunta.
¿Y si algún día esa empresa decidiera abrir una participación minoritaria a inversionistas institucionales?
No sería una locura.
Ha ocurrido en muchas industrias.
La pregunta verdaderamente interesante sería otra.
¿Quiénes serían esos inversionistas?
Hoy no existe ninguna evidencia de que la futura empresa comercial de la FIFA tenga esa intención.
Sería irresponsable afirmarlo.
Pero tampoco me parece una hipótesis imposible.
Porque cuando una organización crea una plataforma para generar valor, tarde o temprano busca dónde se genera ese valor.
Y las grandes ligas lo generan todos los días.
Con televisión.

Con plataformas digitales.
Con patrocinadores.
Con datos.
Con contenidos.
Con millones de aficionados.
Pero hay otro detalle que vale la pena observar.
Durante décadas, el gran negocio de la FIFA ha sido extraordinario.
Cada cuatro años llega un Mundial.
Cada cuatro años llegan ingresos gigantescos.
Sin embargo, el mundo empresarial suele premiar otra cosa.
Los ingresos recurrentes.
Quizá ahí esté una de las claves de esta historia.
Porque no es lo mismo recibir ingresos extraordinarios cada cuatro años que construir ingresos recurrentes todos los años.
Tal vez, vistos de manera individual, sean menores.
Pero cuando esos ingresos potenciales se multiplican por decenas de ligas alrededor del mundo…
la economía de escala empieza a jugar un partido completamente distinto.
No estoy diciendo que ése sea el plan de la FIFA.
No existe evidencia que permita afirmarlo.
Lo que digo es otra cosa.
Que, desde la lógica empresarial, sería una evolución perfectamente comprensible.
Y precisamente por eso vale la pena plantear la pregunta.
Si algún día un escenario como ése llegara siquiera a plantearse, el debate dejaría de ser deportivo.

Sería un debate sobre gobernanza.
Sobre competencia económica.
Sobre concentración de poder.
Y, sobre todo, sobre el futuro del negocio del fútbol.
Quizá nunca ocurra.
Quizá ocurra dentro de diez o quince años.
Nadie lo sabe.
Pero hace apenas unas semanas también parecía impensable que la FIFA buscara inversionistas para una empresa propia.
Los grandes cambios rara vez llegan haciendo ruido.
Lo verdaderamente importante es que, cuando nos damos cuenta de que ocurrieron, muchas veces ya cambiaron las reglas del juego.
Por eso creo que el verdadero valor de una columna no está en adivinar el futuro.
Está en hacerse, a tiempo, las preguntas que casi nadie se está haciendo.
Porque tengo la impresión de que el fútbol está dejando de ser únicamente un deporte organizado por instituciones.
Está comenzando a convertirse en una plataforma económica global.
Y cuando eso ocurre…
el partido ya no sólo se juega en la cancha.
También se juega en los consejos de administración.
Quizá dentro de diez años esta columna resulte exagerada.
O quizá dentro de diez años descubramos que el partido ya había comenzado…
…y nosotros seguíamos viendo únicamente el marcador.
Mientras tanto,
Nosotros…
VEREMOS Y DIREMOS.
“Las noticias tienen fecha de caducidad. Las buenas preguntas, no. Y quizá la tarea de un columnista no sea predecir el futuro, sino reconocer aquello que ya está sucediendo, aunque todavía no sepamos ponerle nombre.”
Hasta la próxima.
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