
El idioma castellano, o el castellano, es considerado por los que no somos expertos como una lengua difícil y compleja.
Ricardo Espinoza, catedrático Universitario escribió un libro de suyo mucho muy interesante que título ¿Cómo dijo? Que nos habla de argucias, minucias y curiosidades de nuestro lenguaje.
Nos expresa que el lenguaje es el gran privilegio que tenemos los seres humanos.
Es una maravillosa experiencia que nos permite unir conceptos entre otros grandes temas que cultivan el ser humano.
“Nosotros los Mexicanos tenemos un idioma maravilloso. Tenemos nuestro español. No el español de España, ni el castellano. Es nuestro español, el español mexicano con su historia plena de armonía y de pasiones, con sus vocablos nahuas tiernos y dulces…”
“El náhuatl. El idioma de nuestros antepasados que llega a nosotros como música vernácula. Ése que le canta su nombre al Iztaccihuatl en lugar de llamarle fríamente “mujer blanca”, que le dice Xóchitl a la flor y Citlali a una estrella. ¡Qué belleza! ¡Qué musicalidad!.”
Ese es nuestro español mexicano, con su sintaxis que nos permite unir conceptos, armar frases, completar ideas dentro de ese estilo tan propio, que nos deja jalar el hilito de los sentimientos y hacerlos que salgan y se muestren, dulces o amargos, tristes o alegres, pero que son siempre destellos de lo que sucede allá, dentro del alma.
Los Mexicanos sin ser jactanciosos le hemos agregado al castellano, palabras, ideas humor.
Con ese sentido del humor el autor señalado nos relata; unos chinos más mexicanos que las enchiladas y haciendo uso y abuso de mi “poderosa” memoria, recuerdo que cuando era pequeñín (les juro que alguna vez lo fui) había una canción muy popular que decía: “Chinito, chinito, toca la malaca chinito…”
Y yo, cuando la escuchaba, en lugar de imaginar a un “venelable” ejemplar de la raza amarilla dándole duro a esos instrumentos tropicales tan difíciles de ejecutar que son las maracas, me representaba mentalmente tocándolas a un amigo a quien le decíamos “el chino” porque tenía el pelo rizado”.
“Luego, en algún momento de mi azarosa existencia, llegué a preguntarme porqué le decíamos así chino a una persona con el pelo crespo, si nunca había visto ni he visto hasta la fecha a un oriental con el pelo así. Dicho más claramente: Nunca he visto a un chino con el pelo chino”.
Obsesionado con esa duda me puse a investigar y encontré para mi gran sorpresa que una característica étnica de la raza amarilla es precisamente el pelo lacio. La explicación llegó un poco más tarde, cuando me topé con un libro del Prof. Sixto García Pacheco que se llama “Minucias del Lenguaje” (el libro, no el profesor) Ahí nos dice que “chino”, en el sentido que le damos los mexicanos, proviene del náhuatl “xinotl” que significa “con el pelo rizado”.
A nuestros nobles antepasados que por cierto también tenían el pelo más lacio que Morticia, la de los “Locos Adams”, les debe haber provocado gran curiosidad ver a algunos de los conquistadores de origen
turco o árabe, que lucían el pelo como si hubieran ido al salón de belleza a “hacerse base”. Ellos los aborígenes les llamaban así: “XINOTL” con lo que querían decir a su manera “¡Qué pelo tan vaciado traes…!” Con el tiempo, XINOTL, se convirtió en CHINO, pero no guarda relación alguna con nuestros asiáticos hermanos.
El contenido del libro es realmente una verdadera clase de gramática.