Alito: debacle y huellas delictivas

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Apenas en cuatro años, entre 2019 —cuando asumió la dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI)— y las elecciones estatales de 2023, Rafael Alejandro Moreno Peña acabó con el instituto que gobernó el país por más de 80 años. Encima, desde su trunca gubernatura en Campeche, como en los años posteriores, el apodado “Alito” acarrea una estela de visibles huellas delictivas propias y de sus colaboradores más cercanos.

El futuro para el campechano, quien ha realizado en los últimos años más de 10 viajes a Estados Unidos para intentar denunciar a políticos del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), pinta tan oscuro como la noche más negra.

Dos personajes de su primer círculo en Campeche han sido arrestados y el rosario de presuntos delitos es amplio y muy grave.

Rafael Alejandro tiene fuero, pues es senador de Lista Nacional —el equivalente a plurinominal—, una posición que él mismo se otorgó desde la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) priista que encabeza desde 2019 y en donde ha venido modificando los estatutos para seguir en ese cargo hasta 2039.

Imagínese, 20 años en la dirigencia; ni a Francisco Plutarco Elías Campuzano, más conocido como Plutarco Elías Calles, aquel del Maximato, se le hubiera ocurrido semejante obscenidad política.

La reflexión sobre lo que está haciendo y pasando con el campechano debe centrarse en su manifiesta traición a la patria, al pedir la intervención de un gobierno extranjero, en este caso el estadounidense, con tal de ensuciar a los políticos de Morena, como le ocurre a quienes no puede combatir en el terreno de los argumentos, la ideología y las urnas.

Lo que sí sabemos es lo que ocurrirá con él en el corto o mediano plazo: perderá el fuero y deberá comparecer ante las autoridades.

Tanto, el PRI perderá su registro, porque no logrará ni siquiera ese 3 por ciento de votación que demanda la ley para conservarlo.

Las dos cosas son inexorables.

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