
Hoy vamos a hablar de una palabra que se llena la boca de muchos, pero que pocos saben masticar: Igualdad. Desde tiempos inmemoriales, la lucha de las mujeres por la igualdad de derechos y oportunidades ha sido una batalla épica, necesaria y que aquí, en esta tribuna, hemos aplaudido hasta que nos sangraron las manos. Pero ojo, que la igualdad es un boleto de ida y vuelta.
Imaginen que la igualdad es un restaurante de lujo. No puedes exigir que te den la misma mesa, el mismo menú y servicio, y luego, cuando llega la cuenta, pretender que a ti te cobren menos porque “es que soy mujer”. ¡No, señor! Si quieres la misma silla, pagas la misma cuenta.
A muchos colegas, por amnesia selectiva o por ganar likes se les olvida que la igualdad de derechos viene pegadita como marca personal de defensa ingles la igualdad de responsabilidades. Y aquí es donde muchos saltan como si les hubieran echado agua hirviendo. ¿Decir que hay futbolistas mujeres que son malas para jugar es ser misógino? ¡Por favor! Es una descripción técnica o su mucho me apuran, de opinión. ¿acaso tenemos que opinar todos lo mismo?
Sin duda alguna habemos periodistas varones que podemos ser malos, pésimos en nuestro trabajo, pero también abogadas. Es simplemente irrebatible que en cualquier profesión u oficio la calidad, el talento y también la mediocridad, NO tienen género. Si una mujer, un aficionado califica a un periodista varón o a un jugador como malo o sin mucha capacidad no puede calificarse como una misandria es lo contrario de misoginia, es decir, el odio, desprecio o prejuicios hacia los hombres. Es simplemente un juicio, una opinión.
A que viene todo lo anterior, por el nombramiento de los representantes de México y Concacaf para el Mundial 2026. Los elegidos: César Ramos y Katia Itzel García. A ver, que se oiga claro hasta la última fila: Que Katia Itzel sea la primera árbitra mexicana en un Mundial varonil nos llena de orgullo. Es histórico, es un hito, es fantástico. ¡Bravo, Katia! Pero ahora, quitémonos la bandera nacional de los ojos, que nos está estorbando para atender uno de los deberes prioritarios del oficio del periodista; objetividad.
Y si hablamos con objetividad —esa cosa que ya casi no se usa porque muerde—, Katia Itzel García, por lo menos hoy NO es mejor árbitro que el “Gato” Ortiz –con todo y sus errores y horrores-, ni que Víctor Cáceres y algunos más incluyen a Oscar Mejía. El más optimista de los especialistas consultados ven a Katia en un quinto lugar en una lista unitaria e igualitaria de hombres y mujeres de la liga mx. Y esto no lo digo yo porque sea un “viejo amargado”, lo dicen los especialistas, los analistas arbitrales que se pasan la vida interpretando las reglas y el manejo de partidos.
Katia que es abogada egresada de la UNAM, es muy dada a publicamente en redes a responder a críticas que los medios podemos hacerles, lo cual me parece muy válido y justo más allá si los reglamentos pudieran impedírselos. Antes de la polémica que desato la expulsión de Sergio Bueno el fin de semana, en sus redes sociales respondió a quienes consideramos que su elección para representar a México en el mundial se debió más a una cuota de género, que a su capacidad y circunstancias actuales.
DEFENSA EN REDES
Ahí Katia, receto una serie innegables de reconocimientos obtenidos en los últimos cuatro años de una carrera que evidentemente ha tenido un ascenso muy importante y pidio hacer un periodismo serio y no de ganar likes.
Lo que nuestra admirada Katia NO dijo o explico, es porque con tantos reconocimientos la propia comisión de arbitraje NO le ha dado la oportunidad de dirigir y observarla en un partido bravo; un clásico regio, tapatío o nacional, o bien algún juego importante de liguilla. En estos cuatro años solo ha dirigido cuartos de final entre Toluca y Juárez. Esto al menos, no se entiende, si comparamos con los números o experiencia de Cesar Ramos. Se dice y no pasa nada, son datos que al exponerlos nada tienen que ver con ser misógino. Creo que Santander, es mal árbitro y no es cuestión de misandria ¿o sí?

CUOTA DE GENERO
Entonces, ¿por qué va al Mundial? Vamos a decir la verdad, aunque duela: Va por una cuota de género. Y qué bueno que sea mexicana la que aproveche esa cuota, ¡pero no nos quieran vender que va porque es la segunda mejor silbante del país! Porque eso, señores, es una mentira del tamaño del Estadio Azteca y miren que la camada del arbitraje nacional es una de las más pobres de toda su historia.
¿Por qué nos da tanto miedo decir esto? ¿Por qué si un crítico señala que un árbitro hombre es un desastre, es “periodismo valiente”, pero si señala que una mujer se equivocó o no tiene el nivel técnico todavía, es “misoginia”? ¿Qué diriamos si un árbitro hombre fuera designado para representar a México en el mundial que hubiera silbado menos de 30 juegos en primera división, ningún clásico, ninguna semifinal o final de la liga como es el caso de Katia? No estaríamos hablando de una rara preferencia en la designación. ¡Por supuesto!
Eso no es defender a las mujeres. Eso es condescendencia. Y no hay nada más discriminatorio que tratar a alguien como si fuera de cristal solo por su género. Decir que Katia tiene deficiencias arbitrales no es ser machista, es ser analista. Va a mejorar, sin duda, tiene cualidades y capacidad para ello, pero hoy, simplemente NO lo es.
Los que enarbolan la bandera del falso feminismo para blindar a una profesional de la crítica, ni son éticos, ni son objetivos. La están perjudicando. Katia es joven, tiene un futuro brillante y ojalá, con el tiempo y el roce internacional, y espero que con el tiempo pueda llegar a ser el número uno por capacidad pura, no por un reglamento de inclusión. La quiero ver dirigiendo clásicos, liguillas, finales de liga mx y no debatiendo capacidades o incapacidades en redes sociales.
Si Iñigo Riestra, el hombre que mueve los hilos del arbitraje de manera clandestina quiere mejorar la carrera de Katia Itzel, debe ser congruente y prepararla con partidos más bravos. Es que simplemente luce incongruente; ¿Katia puede dirigir un partido de próxima Copa del Mundo, pero aquí no puede dirigir un clásico, una semifinal o una final de liga mx? La experiencia solo se cura con oportunidades y si “Papi Riestra” y la comisión está convencido de que tiene esa capacidad es hora de ser congruente y darle esas oportunidades que forman, si no es un simple discurso de falso feminismo.
Porque la capacidad laboral, familia, no se mide en cromosomas. Se mide en resultados. Si un cirujano me va a operar el corazón, me importa una chingada si es hombre o mujer; lo que quiero es que no se le olvide la pinza adentro y me salve. En el arbitraje es igual: queremos justicia, no política.
APLAUSOS Y MERITOCRACIA
Así que, dejémonos de hipocresías. Aplaudamos a Katia por el logro, pero exijámosle como la profesional que es. Si la medimos con una vara distinta, la estamos haciendo menos. Necesita mayores oportunidades y menos discursos.
La igualdad real es que te juzguen con el mismo rigor que a los demás. El día que podamos criticar a una árbitra con la misma saña y libertad con la que despedazamos a un árbitro hombre por un penal mal marcado, ese día, habremos alcanzado la verdadera igualdad.
La inclusión es una herramienta necesaria para romper techos de cristal, pero no debe ser un escudo contra la meritocracia. Al elevar a Katia Itzel García a un Mundial por encima de árbitros con mejor presente técnico, la FIFA y la Concacaf cumplen un objetivo social, pero el análisis deportivo debe mantenerse frío: hoy, ella va por una política de representación, no por ser la mejor calificada en la tabla general de la Liga MX. Defenderla de la crítica técnica usando el argumento de la misoginia es, en sí mismo, una forma de machismo disfrazado de protección.
“Prefiero ser el malo por decir la verdad, que ser el bueno por callarla” Anónimo