
La verdad sobre falsas creencias aceptadas como ciertas. Este es el contenido del libro VERDADES DE MENTIRA de Tad Tuleja (Editorial Voluntad: Bogotá).
El autor nos dice que los seres humanos están tan engañados por algunas ideas tradicionales como lo estuvieron nuestros antepasados medievales, todo era relativo.
Las falacias son parte de todas las épocas que se hacen aparecer como verdades, nadie se molesta en aclarar a pesar de existir esplendidas enciclopedias; “preferimos creernos dice el autor en habladuría antes de cotejar la sabiduría popular con las fuentes”.
Con los TEMAS fake news de ahora (falsear noticias) época en que se cree en aquellos que buscan la verdad y se duda de los que la han encontrado.
Al final de todas formas “nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira” (Campo Amor). La imaginación prevalece sobre la realidad, a veces la historia que se nos cuenta, partió de la imaginación.
(…Yo lo vi, lo juro por diosito….) lo dice un hombre de avanzada edad al grupo que lo rodea. De ahí parten “yo lo vi, yo lo oí” sin que La sociología en este tema es fundamental sea cierto, pero afirmarlo nos da importancia porque nosotros si vimos lo que nadie vio ni oyó.
Como ejemplo NERÓN nunca tocó la lira mientras Roma ardía, se le califica como peligroso porque asesinó – se nos señala a parte de su familia; se le ha calificado como “anticristo”.
Nerón no quemó Roma, dijo, el historiador Publio Cornelio Tácito, ya que en el momento que se inició el incendio Nerón se encontraba en su villa a 56 kilómetros de Roma, sin embargo muchos lo afirman porque oyeron a alguien decirlo o narrarlo en algún documento. Desde luego sin prueba alguna.
Es cierto que Nerón reconstruye la ciudad de Roma, con esplendido estilo griego, idea que le surgió después del incendio.
¿Dónde encontró Napoleón su “Waterloo”?
Desde aquel largo y sangriento día de junio de 1815, cuando el duque de Wellington dio al traste con las ambiciones imperiales de Napoleón. El nombre Waterloo ha sido símbolo de derrota y frustración.
Para Napoleón ciertamente lo fue: pero la batalla no ocurrió en Waterloo, sino en un pequeño valle al sur, lleno de pueblitos con nombres que únicamente los generales recuerdan.
Fue allí donde la hasta entonces invencible Guardia Francesa realizó su última y catastrófica carga. Cuando comenzó a retroceder, a las siete y media de esa tarde primaveral, la suerte del imperio francés estaba echada.
El Pueblo de Waterloo parece haber recogido la gloria de esta batalla, pues supuestamente Wellington durmió allí tras librarla, o quizá porque desde allí escribió el parte de victoria.
¿De que estaban hechas las zapatillas de Cenicienta?
Cenicienta nunca calzo zapatillas de cristal. Este cuento de hadas antiguo y universal, se hizo famoso entre todos los niños de Occidente gracias al escritor francés Charles Perrault (1628- 1703). En su versión del relato, publicada en sus famosos libros Historias de Mamá Gansa (1697). La jovencita calza, para ir a la fiesta del príncipe. Pantoufles en verre (zapatillas de cristal): de esta interpretación del cuento derivan muchas otras versiones que incluyen los zapatitos transparentes.
Pero en la palabra verre hubo una mala traducción. Las viejas versiones francesas que Perrault usó como fuente le atribuían a la Cenicienta patoufles en VAIR, que es un tipo de pies blanca de ardilla. Al confundirse las dos palabras. Perrault introdujo en la leyenda un error que persiste hasta la actualidad. Y la pobre chica, que ya tenía suficientes problemas. Se vio condenada además, gracias a la versión “cristalina” de Perrault. A caminar con unos zapatos quebradizos e (incómodos, seguramente).
En la advertencia de Jesús contra la riqueza, ¿qué significa “el ojo de una aguja”?
En los Evangelios de Mateo. Marcos y Lucas, Jesús dice que sería más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un hombre rico entrar al reino de los cielos. Esta denuncia en contra del dinero es compatible con la aprobación que en general dan los Evangelios a la pobreza: pero a través de los siglos de historia del cristianismo, la aguja ha estado al lado de aquellos que la han utilizado en ambos sentidos. En el siglo XIX, cuando los cristianos hacían grandes fortunas, la necesidad de releer el texto se hizo evidente.
Esta necesidad se vio suplida por dos escritos revisionistas. El primero tomó la palabra griega kamelos, “camello”, y la interpretó como un error al transcribir kámilos, que significa “cuerda”, lo que reducía la imposibilidad a una simple dificultad de enhebrar la aguja. El segundo, tomó el ojo de la aguja como una pequeña puerta baja en la muralla de la ciudad de Jerusalén, por la que un camello cargado y ayudado por varios auxiliares apenas podía pasar. Es imaginable cuánto complació esa lectura, aún hoy aceptada, a los millonarios de la época: no importaba cuánto dinero hubieran acumulado en su vida, solo necesitaban despojarse de su equipaje terrenal y al final serían admitidos en la presencia del Señor.
Sin embargo, las versiones revisionistas tendenciosas son falsas. La palabra real es kamelos, claramente escrita en casi todos los manuscritos, excepto en unos pocos de los últimos: además, la imagen del camello que pasa a través del ojo de la aguja era una antigua metáfora para describir la imposibilidad. En el Talmud de Babilonia el animal es un elefante, y en el Corán. Mahoma dice de quienes rechazan sus enseñanzas, “ellos no entraran al Paraíso hasta que un camello pase a través del ojo de una aguja”. En lo referente a la puerta, la mayoría de los catedráticos están de acuerdo con que la única puerta posible era tan pequeña que, con equipaje o sin éste, un camello tendrá que haber sido cortado en pedacitos para lograr hacerlo pasar por ella: otros, simplemente niegan que existiera tal puerta.
El hecho ineludible es que mediante la hipérbole, Jesús dijo lo que pretendía decir. Intentar ver la existencia de la cuerda o de la puerta dentro del texto es como aferrarse a la última esperanza de que se le rompa la espalda al camello.
¿SABIA USTED QUE……?
El sobrenombre de los Estados Unidos “Tío Sam” se deriva de “Uncle Sam” Wilson (el Tío Sam Wilson), un inspector de carnes en Troy, Nueva York. Durante la guerra de 1812, el sello de Wilson “U.S.” (Estados Unidos), fue interpretado por algunos trabajadores como el nombre de su jefe “Uncle Sam”, y la leyenda creció (en las caricaturas de los periódicos durante la Guerra Civil, la figura de Tío Sam tenía la apariencia del presidente Lincoln).