
Hay pocas imágenes tan universales en las caricaturas como la del persistente Coyote desplomándose por un acantilado, aplastado por un yunque o envuelto en una nube de humo tras el fracaso estrepitoso de un artefacto marca ACME. Sin embargo, la verdadera tragedia nunca estuvo en la ejecución, sino en el proveedor: un monopolio invisible, falible y desprovisto de ética que siempre le vendió productos defectuosos ¿Les suena familiar esta historia?
La reciente llegada a los cines de la cinta animada y de acción real “Coyote vs. ACME” —dirigida por Dave Green y que casi es condenada al olvido absoluto por recortes fiscales de Warner— se ha convertido en mucho más que un simple estreno familiar. Es una victoria poética sobre la lógica corporativa fría y calculadora, dentro y fuera de la pantalla.
La trama sigue a Wile E. Coyote quien, cansado de que los productos defectuosos de la corporación ACME arruinen sus intentos por atrapar al Correcaminos, decide contratar a un abogado humano para demandar al gigante monopólico. Lo que comienza como una demanda por daños individuales se convierte en un juicio histórico de David contra Goliat —enfrentándose a un implacable abogado corporativo interpretado por John Cena— que destapa una red de secretos industriales y obliga a Coyote y a su muy poco preparado equipo legal a luchar por la dignidad de todos los dibujos animados. Es la batalla entre una leyenda y una gran corporación.
Lo fascinante de esta propuesta cinematográfica —con Will Forte y Cena en este duelo legal hilarante— es cómo, sin perder su escencia, profundiza la caricatura clásica en una sátira sobre los derechos de autor, las grandes coproraciones, las pruebas en animales, el valor del esfuerzo humano y la obsesión moderna de la rentabilidad por encima del arte (tomen eso estudios cinematográficos). Ver al coyote más famoso del desierto contratar a un abogado terrenal para demandar a los fabricantes de sus frustraciones no es sólo un giro de tuerca nostálgico perfecto; es una declaración de humanidad, de principios y de justica social real con la que todos nos podemos identificar.
Ampliando un poco más el contexto de este drama, hace unos años, los despachos ejecutivos de la recientemente fusionada Warner Discovery tomaron la decisión de archivar esta obra ya terminada y lista para proyectarse, con el único objetivo de maquillar números en su reporte financiero hasta que: luego de un largo camino, Ketchup Entertainment se hiciera de los derechos de distribución de la misma. La crisis no tardó en demostrar que la maquinaria de los estudios a veces le teme tanto a su propio reflejo como al fracaso comercial; y si la ficción imita a la realidad, Coyote representa al artista y al creador independiente, atado a deudas invisibles y contratos leoninos, mientras que la corporación ACME personifica a ese titán insensible dispuesto a desaparecer catálogos enteros por un cheque de deducción de impuestos.
Es así como el intento de salvar “Coyote vs. ACME” —que comenzó como una protesta digital —, se transformó en un auténtico movimiento de masas donde la narrativa pasó de ser la autopsia de un atropello corporativo ficticio a uno real, reescribiendo tanto la historia de varios de los Looney Tunes en la pantalla, como las reglas de cómo un producto “condenado” puede tener una segunda oportunidad. Aunque las cifras aun están a medio camino de su meta, la cinta ha recibido críticas muy positivas y en México arrancó con un gran recibimiento que superó los 47 millones de pesos —donde hasta PROFECO se sumó a la campaña publicitaria—, reafirmando el amor y apoyo del pueblo mexicano por la animación independiente.
¿Hubiera la historia tenido el mismo impacto si no huiera pasado por todo esto? Si me lo preguntan, no; pero la travesía de “Coyote vs. ACME” tiene la magia de cintas legendarias como la propia Space Jam (1996) y ha resultado el evento cinematográfico independiente más comentado del verano (donde hasta el poster promocional es verdadero arte) y va sumando espectadores de boca en boca. Nos recordó que la cultura popular no le pertenece a los contadores de las grandes distribuidoras, sino a los espectadores… YA EN CINES.
Angel Sarmiento
Facebook / Instagram / X / TikTok: angelsarmientolopez