
Hay para mí una paradoja fascinante en el cine del director Christopher Nolan: mientras sus películas se vuelven épicas visuales cada vez más impactantes, las historias que nos narra profundizan más sobre nuestra condición humana, dentro y fuera de la pantalla. Lo hizo al sumergirse en la física teórica de su cinta “Interstellar”, al diseccionar la culpa del hombre en “Oppenheimer”, y hoy aborda la raíz misma de la narrativa occidental con su proyecto más ambicioso hasta hoy, “La Odisea”.
La complejidad de esta verdadera obra de arte resulta indescriptible y extensa de entender. De entrada, llevar el poema épico de Homero a la pantalla era un terreno minado. En el Hollywood de los últimos 20 años la tragedia griega corre frecuentemente el riesgo de convertirse en un espectáculo superficial de monstruos digitales o batallas genéricas —lo hemos visto en años recientes, con la segunda entrega de “Gladiador” protagonizada por Paul Mescal, o títulos como “Dioses de Egipto”, del 2016—.
Sin embargo —en el aspecto técnico—, Nolan va por lo impensable hoy en día, esquiva el CGI masivo y apuesta por la visceralidad de los efectos prácticos y el formato IMAX 70mm —la primera cinta en filmarse en su totalidad en dicho formato—. La furia del océano es real y las embarcaciones crujen de verdad bajo la presión del agua. Pero la escala de esta película no es solo para deslumbrar, sino para envolver al espectador en un violento guión que nos cuenta sobre el hombre, la naturaleza y el tiempo.
Como muchos recordamos, “La odisea” sigue el largo y accidentado regreso de Odiseo a Ítaca tras la Guerra de Troya. En su travesía, el rey deberá enfrentarse a criaturas míticas como sirenas y cíclopes; a los caprichos de los dioses y a adversidades que pondrán a prueba su ingenio y su voluntad, mientras lucha por volver junto a su esposa Penélope y recuperar su reino. La adaptación de Christopher Nolan convierte este viaje en una epopeya de acción filmada como no se había visto antes, pero respetando el eje central del poema de Homero.
Más allá de la hazaña técnica —que ya se refleja en una recepción crítica entusiasta y un paso arrollador por la taquilla global (264 millones de dólares a nivel mundial en su primer fin de semana)—, el corazón del relato es un retrato devastador del trauma de guerra. En la piel de Matt Damon, Odiseo no es el héroe victorioso e intocable de los libros; es un veterano roto que carga con las cenizas de Troya. Nolan descompone la cronología para convertir el viaje en un bucle mental donde el mar no es solo un mapa de riesgos, sino un purgatorio donde la culpa sofoca la promesa del regreso.
El elenco coral —compuesto por importantes nombres de la industria, como Charlize Theron, Robert Pattinson, Tom Holland o Lupita Nyong’o—, equilibra con maestría la mitología con la fragilidad humana. Anne Hathaway nos entrega a una Penélope cuya espera en Ítaca no es pasividad, sino una contienda política y emocional abrumadora; mientras que Zendaya —en el papel de Atenea—, aporta la frialdad e imponencia justa para recordarnos la indiferencia divina frente al dolor mortal.
En lo que respecta al contexto social, “La odisea” quedó envuelta en polémicas desde antes de su estreno por algunas decisiones de casting, especialmente la elección de Lupita Nyong’o como Helena de Troya y la participación de Elliot Page. Las críticas, impulsadas en gran medida desde redes sociales, cuestionaban la diversidad del reparto en una historia inspirada en la Grecia antigua. Un relato que muchos terminan por concluir, habla de una era tan antigua y con información tan escasa, que resulta imposible no cuestionar la influencia euro centrista en la representación e interpretación de la misma durante los años previos a su publicación original y posterior a esta.
Entre las voces más resonantes de estas declaraciones estuvo Elon Musk, quien acusó a Christopher Nolan de sacrificar la fidelidad al poema por motivos ideológicos. Tras el éxito comercial y crítico de la película, el empresario y dueño de X redobló la apuesta y anunció que su plataforma de inteligencia artificial, Grok Imagine, produciría antes de fin de año una versión propia que, según prometió, sería “históricamente precisa y fiel al arte de su escritor” y 100% IA.
Con “La odisea”, Christopher Nolan demuestra que su mayor virtud no es la fidelidad literal a los clásicos, sino su capacidad para dialogar con ellos. Como ya hizo con la ciencia ficción, la historia o el cine de superhéroes, toma un relato fundacional y lo filtra a través de sus obsesiones: el tiempo, la culpa, la memoria y el peso de las decisiones. El resultado podrá dividir a los puristas, pero confirma que Nolan sigue siendo uno de los pocos directores capaces de convertir una obra milenaria en un acontecimiento cultural contemporáneo.
Angel Sarmiento
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