En México nos volvimos a encontrar

Festejos Ángel De La Independencia (1)

Este país ha despertado y ha vuelto a sentir la fraternidad, la confianza, la unidad y la ilusión común. No es poca cosa, porque eso es justo el tipo de nacionalismo que hace que un pueblo llegue a ser una potencia en todos los sentidos.

El fútbol tiene magia.


Bastaron 23 días para que el mundo cambiara su percepción de México y para que las y los mexicanos recordáramos nuestra verdadera esencia como nación y nuestra verdadera fuerza como un pueblo unido y solidario. 


Lejos del dolor que imprime la violencia, lejos de la vergüenza que significa la corrupción y más lejos aún de la división que nos ha sido impuesta por un grupúsculo de resentidos y nefastos, está este país de gente echada para adelante.


El mundial de la FIFA vino a México a hacer un gran negocio económico y sin duda que lo logró, pero también vino (sin querer) a despertar una serie de sentimientos y emociones enterradas intencionalmente por una clase política enferma de poder.


Hoy está claro como nunca que los mexicanos somos mucho más que odio y resentimientos inducidos, que las mexicanas somos mucho más que desprecio y manipulación orquestada por izquierdas o derechas.


Lo que hemos visto y proyectado al mundo entero en las últimas semanas no solo es el ambiente espectacular y la fiesta sin igual de que somos capaces en esta tierra.


Si nos fijamos bien, en este breve tiempo de fútbol, en México ha habido mucho más que avenidas repletas de aficionados con playeras verdes de la selección; lo que hemos visto y protagonizado es el reencuentro espontáneo de una sociedad adormecida y dividida.

Sin planearlo, los mexicanos hemos revivido y recuperado todas esas emociones y sentimientos de un pueblo que se vuelca a ayudar al que lo necesita, que se une y empuja hacia el mismo lado cuando hace falta.


En poco más de 20 días, esta nación se ha reencontrado y ha decidido olvidar los enconos y la autodestrucción social ordenados desde el poder.


Bastaron 4 triunfos de una selección de fútbol para salir a abrazarnos y celebrar, para superar los rencores sembrados y los desprecios inducidos.


No es casualidad que el himno nacional se haya cantado dentro y fuera del estadio Azteca con más fuerza, con más orgullo, con más sentimiento.


Sin importar las victoria y las derrotas de la selección nacional esta singular copa del mundo, sin importar los valiosos logros alcanzados por el equipo mexicano, la FIFA logró (sin proponerselo) promover una sacudida social sin precedente entre los habitantes de este hermoso país.


El sentimiento y el orgullo de ser mexicano hoy se impone y se reconoce en el planeta, somos una gran nación, somos un pueblo espectacular y una sociedad pujante, somos hombres y mujeres queridos y respetados en el mundo.


Este país ha despertado y ha vuelto a sentir la fraternidad, la confianza, la unidad y la ilusión común. No es poca cosa, porque eso es justo el tipo de nacionalismo que hace que un pueblo llegue a ser una potencia.


Es incuestionable, en medio de goles, festejos, cantos, risas y abrazos, en México nos volvimos a encontrar.


Gracias por ello FIFA y selección nacional de fútbol.

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