
El movimiento que el pueblo llevó a la victoria hace ocho años está más vivo que nunca.
El Segundo Informe de la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que México tiene rumbo, resultados y una forma distinta de gobernar. Como ella lo ha dicho, el poder público debe estar al servicio de la gente, y eso ya se siente en la vida diaria de millones de familias.
Los datos hablan por sí solos: el salario mínimo pasó de 2,800 pesos en 2018 a 9,282 en 2026; este año se proyecta una inversión histórica de 1 billón de pesos en programas de Bienestar; los homicidios dolosos han bajado 51% desde el inicio de la administración; y en dos años se reportan 33 nuevos hospitales.

Pero mi lectura política va más allá de las cifras. Porque el informe deja clara una visión de país sostenida en tres ejes: soberanía, democracia y el poder del pueblo.
Soberanía para que las decisiones políticas de México se tomen en México; para defender nuestros recursos y cooperar con otras naciones sin subordinación. Democracia para que el poder responda a la gente y no a los privilegios de unos cuantos. Y poder del pueblo, porque esa sigue siendo la brújula de la transformación.
La presidenta da continuidad al proyecto que inició Andrés Manuel López Obrador y, al mismo tiempo, lo lleva a una nueva etapa, con una visión de futuro. En Puebla, esa misma esencia se vive bajo el liderazgo del gobernador Alejandro Armenta, porque aquí también se gobierna con honestidad, cercanía y trabajo duro; y, algo muy importante, en coordinación con la Federación para dar más resultados y mejorar la vida de las familias.

Por esto y más, la transformación en Puebla y en México está más fuerte que nunca. Con el pueblo, todo; sin el pueblo, nada.
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