
México conmemora este viernes el Día Internacional del Trabajo con la entrada en vigor de la reforma que reducirá de forma progresiva la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales hasta 2030, una conquista que llega entre marchas, reclamos por dos días de descanso obligatorio y llamados del sector privado a una transición gradual.
La nueva etapa laboral, que comenzará a aplicarse de manera paulatina a partir de 2027, representa uno de los cambios más relevantes para los trabajadores mexicanos en más de un siglo, pero no ha cerrado los debates que acompañaron su discusión legislativa.
La abogada laboralista Susana Prieto, una de las promotoras de la iniciativa durante su paso como diputada (2021-2024), advirtió a EFE que la reforma no quedó en los términos originalmente planteados porque no reconoce de forma expresa una semana de cinco días laborales y dos de descanso.
“El que no haya dos días de descanso por semana (…) es el verdadero agravio a la clase trabajadora de este país”, sostuvo Prieto, quien señaló que, aún con una jornada de 40 horas, los empleadores podrían distribuir las horas en seis días si la ley no lo impide con claridad.
La exlegisladora afirmó que la demanda central de las movilizaciones que encabezará este viernes en Ciudad Juárez, Matamoros, Reynosa y Nuevo Laredo será “40 horas con dos días de descanso”.
Asimismo, pidió homologar el salario mínimo en el país y eliminar la división por regiones, al señalar que la percepción mínima es mayor en la frontera norte que en el resto del país, mientras el sur requiere mayor impulso para su desarrollo.
Descanso insuficiente Por separado, la diputada del opositor Movimiento Ciudadano, Patricia Mercado, coincidió en que la reducción de jornada es un avance, pero consideró que quedó “trunca” porque las propuestas de 40 horas y dos días de descanso “iban juntas”.
Para ambas, un solo día libre resulta insuficiente para la recuperación física y la atención de responsabilidades personales y de cuidado. Mercado adelantó que su bancada ya presentó una iniciativa para reconocer constitucionalmente dos días de descanso.
Entre los pendientes, la legisladora mencionó permisos de paternidad, estabilidad laboral durante la lactancia extendida, cierre de brechas salariales, transparencia en vacantes y protección de jornaleros agrícolas.
También subrayó que la Secretaría del Trabajo y Previsión Social tendrá un papel clave en la supervisión para que la llamada “primavera laboral” se refleje en los centros de trabajo, que incluye logros como los 12 días mínimos de vacaciones, aunque recordó que la recomendación de la Organización Internacional del Trabajo es de 18 días.
Desde el sector privado, Octavio de la Torre, presidente de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo, consideró que la jornada de 40 horas representa “una nueva etapa para México”, pero pidió una transición “responsable, gradual y viable”.
El dirigente advirtió que cualquier cambio que encarezca el empleo formal debe acompañarse de medidas de apoyo, en un país con 6,1 millones de mipymes, que representan el 99,8 % de las unidades económicas.
Según la confederación, las microempresas constituyen el 94,3 % del total —más de nueve de cada diez negocios—, mientras que las mipymes generan el 70,7 % del empleo formal.
Entre las propuestas del organismo figuran la digitalización de trámites, pagos electrónicos, acceso a crédito, simplificación administrativa, formalización, seguridad social, deducibilidad total de nómina y subsidios a partir de la hora 41 para evitar impactos negativos.
La discusión ocurre además en medio de cuestionamientos al sindicalismo. Prieto consideró que los sindicatos independientes enfrentan miedo, falta de información y estructuras corporativas que limitan la libertad de asociación.
Mercado añadió que aún falta impedir la intervención de empresas en procesos sindicales, especialmente en recuentos o disputas entre organizaciones, para garantizar una representación efectiva.