
Amigo lector:
Hace unos días, después de ver al Puebla competir contra Toluca, escribíamos aquí que si este equipo no tenía un noqueador, tendría que repartir los guantes.
Pues contra Atlante aparecieron los guantes.
Aparecieron también las oportunidades.
Lo que faltó fue saber qué hacer con ellas.
Porque una cosa es no tener con qué pegar.
Y otra muy diferente es tener el golpe enfrente…
y equivocarse al lanzarlo.
Puebla empató 1-1 contra Atlante en el Cuauhtémoc y dejó escapar dos puntos que perfectamente pudieron quedarse en casa.
Pero más allá del resultado, el partido nos permitió descubrir el siguiente problema en la construcción de Gerardo Espinoza.
Contra Toluca había que impedir.
Contra Atlante había que proponer.
Y créame usted…
no es lo mismo.
OTRO EXAMEN
Toluca tenía mayor calidad individual.
Puebla podía cerrar espacios, reducir distancias, competir, recuperar y esperar su oportunidad.
Atlante representaba otra cosa.
Un rival mucho más cercano a sus posibilidades.
Entonces ya no bastaba con preguntarse:
¿Cómo impido que juegue el adversario?
Había que responder algo mucho más complicado:
¿Cómo quiero jugar yo?
Y durante el primer tiempo Puebla no encontró la respuesta.
No lo digo yo.
El propio Espinoza reconoció después que habían “regalado todo ese primer tiempo”.
Habló de un equipo soso, impreciso con la pelota y hasta temeroso.
Entonces corrigió.
Y vaya que corrigió.
Al descanso sacó a José Pachuca, Bryan Garnica y Fernando Monárrez.
Entraron Iker Moreno, Omar Moreno y Óscar Villa.
Tres cambios.
Sin anestesia.
Y Puebla cambió.
Presionó mejor, adelantó líneas, aumentó la intensidad y encontró el empate.
Eso también hay que reconocérselo al entrenador.
Porque cuando se equivoca lo señalamos.
Cuando corrige…
también.
LOS GUANTES OTRA VEZ
Minuto 53.
Mathías Tomás remató, apareció un desvío y la pelota terminó en el ángulo.
Hubo fortuna.
Claro que sí.
Pero la fortuna explica el desvío.
No explica quién buscó el remate.
Y nuevamente fue Mathías.
Contra Necaxa apareció en el minuto 93 para conseguir tres puntos.
Contra Atlante apareció para rescatar uno.
¿Ya encontramos al noqueador?
Tranquilos.
Todavía no.
Pero mientras preguntábamos quién estaría dispuesto a ponerse los guantes…
Mathías empezó a levantar la mano.
Aunque esa misma noche tuvo otra oportunidad mucho más clara.
Superó a la defensa.
Quedó frente al portero.
Y falló.
Ahí, precisamente ahí, apareció la verdadera historia del partido.
CREAR, DECIDIR Y DEFINIR
No todos los problemas ofensivos son iguales.
Primero hay que CREAR la ventaja.
Después hay que DECIDIR qué hacer con ella.
Y finalmente hay que DEFINIR.
Contra Atlante, Puebla tuvo problemas en los tres escalones.
Pero hubo momentos en los que la oportunidad ya estaba construida.
La afición lo vio.
Un dos contra uno.
Después otro.
El compañero acompañando.
El defensor retrocediendo.
El espacio abierto.
¿Qué faltaba?
Decidir.
Tocar o conducir.
Pasar o rematar.
Levantar la cabeza.
Entender dónde estaba la mejor opción.
Y ejecutar.
Ahí apareció otra de las carencias de este Puebla:
la falta de lucidez en los metros finales.
Porque correr ayuda.
Meter ayuda.
Luchar ayuda.
Pero llega un momento en el fútbol en que hay que jugar.
Y jugar bien.
NO TODO ES EL NUEVE
Seguimos pensando que a este Puebla le vendría extraordinariamente bien un centro delantero.
Un nueve.
Un ariete.
Un noqueador.
Pero tampoco nos confundamos.
Traerlo no resolverá todo.
Maestro Puch corrió, presionó y peleó.
Pero recibió muy poco.
Y entonces aparece otra pregunta:
¿Quién va a fabricar las oportunidades?
Porque antes de definir una jugada…
alguien tiene que construirla.
ALGO NUEVO TAMBIÉN ESTÁ PESANDO
Espinoza dejó otra reflexión interesante.
Se preguntó si la necesidad de ganar comienza a pesar demasiado sobre sus futbolistas.
Incluso habló de la libertad que recuperaron después del descanso.
Y quizá ahí existe otra consecuencia del crecimiento.
Al principio nadie esperaba demasiado de este Puebla.
Hoy ya tiene puntos.
Ya ganó partidos.
Ya compitió contra equipos importantes.
Y la gente empieza a preguntarse:
¿Y si alcanza para algo más?
Bienvenido sea el problema.
Pero ahora hay que aprender a convivir con él.
Porque una cosa es jugar cuando nadie te exige.
Y otra muy diferente cuando empiezas a sentir que debes ganar.
DOS PUNTOS QUE PUEDEN PESAR
Y aquí está lo que no podemos esconder detrás del análisis.
Puebla tenía que aprovechar su casa.
Contra Toluca perdió 1-0.
Contra Atlante empató 1-1.
Dos partidos consecutivos en el Cuauhtémoc.
Seis puntos disponibles.
Puebla rescató solamente uno.
Y los puntos que hoy parecen pequeños…
a veces son exactamente los que terminan faltando cuando llega el momento de hacer cuentas.
Sobre todo porque ahora viene otra historia.
Puebla tendrá que ir al Universitario para enfrentar a Tigres.
Una de esas aduanas donde nunca resulta sencillo pasar.
Y encontrará, además, a unos Tigres heridos después de caer 2-0 frente a Juárez.
Después vendrá León al Cuauhtémoc.
Así que aquellos dos puntos que quedaron tirados frente al Atlante quizá dentro de unas semanas puedan verse de otra manera.
Ojalá que no.
Pero las oportunidades en el fútbol también tienen fecha de caducidad.
Y permítame terminar con esto.
Gerardo Espinoza puede trabajar el partido.
Puede corregirlo.
Puede mover tres piezas en el descanso.
Puede construir el escenario para que sus futbolistas encuentren una ventaja.
Pero hay una frontera que ningún entrenador puede cruzar.
Cuando el balón llega a los pies del jugador y aparecen el compañero, el rival y el espacio…
la pizarra táctica desaparece.
Ahí comienza el futbolista.
Su decisión.
Su técnica.
Y, sobre todo…
su calidad.
Mientras tanto, nosotros…
VEREMOS Y DIREMOS.
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