Robots de Juegos de Pekín tienen que aprender a frenar

Los Robots De Los Juegos De Pekín Corren Más, Saltan Más... Y Tienen Que Aprender A Frenar

Un año después, los robots humanoides de los Juegos de Pekín corren más, saltan más y golpean con más fuerza, tanto que algunos empiezan a encontrarse con un problema nuevo: aprender a frenar, mientras Huawei y otras compañías trabajan en la infraestructura necesaria para que reaccionen con mayor rapidez.

La segunda jornada de competición mostró este domingo esos avances y sus límites, desde máquinas que se pasaban de largo tras saltar hasta otras que perdían el equilibrio en las posturas más exigentes de taichí, mientras las pruebas orientadas a tareas reales trasladaban el desafío a la precisión de las manos.

Ante unas gradas ocupadas aproximadamente en tres cuartas partes, las competiciones se desarrollaron sobre una infraestructura 5G-A desplegada por China Unicom junto a Huawei, con la que ambas compañías ensayan el papel de las redes de baja latencia en el futuro de los humanoides.

Aprender a frenar

La velocidad ha dejado de ser el único problema. En salto de longitud, algunos humanoides aceleraban, saltaban y aterrizaban, pero continuaban después su carrera al no conseguir detenerse a tiempo.

Algo parecido ocurre cuando entra en juego la potencia: en kickboxing, los golpes desplazaban guantes y protecciones, mientras que en fútbol los robots chocaban entre sí en las disputas por el balón.

Hasta la quietud tiene sus complicaciones. En taichí, algunas de las posturas de mayor dificultad y puntuación eran también las que más ponían a prueba el equilibrio y hacían fracasar a algunas máquinas.

En la pista, el robot Tiangong se adjudicó las dos finales de 400 metros, con 38,15 segundos entre los robots de mayor tamaño y 45,66 entre los pequeños.

El oro de los 1.500 metros fue para Tianzhuo, con un tiempo de 2:21,64, mientras que Tianjiao se impuso en salto de longitud con una mejor marca de 7,97 metros.

De la pista a las manos

A pocos metros, el reto se trasladaba a movimientos mucho más pequeños. Pesar polvo, construir con bloques o manipular pequeños panecillos al vapor sirven para medir una capacidad esencial para trabajar fuera de estos recintos: manejar objetos con precisión.

El equipo conjunto de la Universidad de Wuhan y AGIbot ganó el pesaje de polvo en 27 segundos, Shanghai AGIbot necesitó 108 para imponerse en la construcción con bloques y Chengdu AGIbot venció en la recogida de judías con pinzas.

La organización lleva esa destreza a escenarios que pretenden reproducir tareas reales. En restauración, el robot dispone de veinte minutos para atender una orden verbal, coger alimentos con unas pinzas, calentarlos en un microondas, servir una bebida y entregar el pedido.

En otra prueba, las máquinas deben responder a una supuesta emergencia en una oficina retirando obstáculos, abriendo ventanas y colocando postes de señalización.

La autonomía tiene además premio: completar las tareas sin intervención humana aplica un coeficiente de puntuación de 1, frente al 0,5 de los robots manejados a distancia.

“A juzgar por las rondas preliminares, el rendimiento de los robots completamente autónomos ha superado las expectativas de mucha gente”, aseguró Gong Xiao, miembro del comité organizador.

Sin embargo, advirtió de que pequeñas variaciones en los objetos pueden desorientarlos: “Esta incertidumbre al enfrentarse al mundo físico real es precisamente uno de los desafíos técnicos más fundamentales que debemos superar actualmente”.

La inteligencia, fuera del robot

 Ese desarrollo plantea otra cuestión: cuánta inteligencia debe viajar dentro del propio humanoide y cuánta puede trasladarse a sistemas externos.

La operadora China Unicom ha desplegado junto a la tecnológica Huawei una infraestructura 5G-A para los Juegos que separa y prioriza las comunicaciones de los robots frente al tráfico de espectadores, medios y otros usuarios.

La operadora asegura que durante la ceremonia de apertura registró una latencia de 18 milisegundos en la red destinada a las máquinas, mientras Huawei plantea trasladar en el futuro parte de su capacidad de procesamiento a la nube.

“Si podemos descargar parte de la computación en la nube, podremos ahorrar mucha energía para el movimiento del robot”, contestó a EFE David Li, responsable de tecnología inalámbrica de Huawei, quien señaló la limitada duración de las baterías como uno de los obstáculos actuales para los humanoides.

Pero llevar ese modelo más allá de un entorno preparado como el de los Juegos plantea dificultades. El propio Li reconoció que garantizar de forma estable latencias de 20 o 30 milisegundos en toda una ciudad como Pekín tendría actualmente un coste “extremadamente alto”.

Mientras Huawei estudia así trasladar parte del “cerebro” de las máquinas fuera del robot, dentro del estadio los problemas siguen siendo bastante más físicos: después de aprender a correr, saltar o golpear cada vez más rápido, algunos humanoides afrontan ahora una lección mucho más elemental: saber cuándo parar.

En línea noticias 2026