
¿Usted cree en las casualidades? Yo no. ¿Cómo es posible que en tres segundos se agoten los boletos en la página oficial y en cuatro segundos después aparecen miles de ellos en reventa al triple de precio? No es magia, señores, es un nado sincronizado de corrupción. Hoy les voy a platicar sobre la cloaca de las boleteras y cómo los dueños del negocio nos están viendo la cara de clientes frecuentes en la ventanilla del abuso.
Digámoslo con todas sus letras, la reventa en los tiempos de las boleteras llámele Fanky, Ticketmaster o la que me quiera nombrar es un monumento a la impunidad a la nula transparencia en el enorme negocio tecnológico de la escasez programada. Pero hablemos de temas concretos y recientes como fue la venta de los juegos de la reinauguración del estadio Azteca o Banorte, donde la sola posibilidad de ver a Cristiano Ronaldo desato una euforia sin límites.

Justo ahí surgió Fanky. Esa boletera que apareció de la nada para el Azteca y la Selección. A la empresa Boleto Móvil, el propio jefe de jefes -sin cargo como tal- como opera Iñigo Riestra, les aviso que no podrían participar en una posible licitación para vender los boletos porque ya estaba todo planchado con la sospechosa boletera, la que nos dicen los que saben del tema que es parte de una inescrupulosa sociedad de intereses entre el “Amo de Chapultepec” y el “Zar de la Comarca” quienes tendrían acciones en ella.
MODUS OPERANDI
El truco de las boleteras en línea es de primaria, pero efectivo: anuncian 80 mil boletos ¿Quién garantiza que fue así? Nadie, solo ellos. Personajes que trabajaron y trabajan en las entrañas de las boleteras con quienes platique tienen muy claro al sistema; “se anuncian la venta de 60 o 50 mil, pero en realidad solo subimos 5 mil o 10 mil a la línea de compra. ¡Obvio se agotan en minutos! La gente se pelea en la fila virtual mientras el resto, el grueso de la taquilla, ya se fue por “debajo del agua” a las plataformas de reventa ‘oficiales’ como Stubhub. NO tengo pruebas, pero tampoco dudas de que se trata de contubernio descarado –Nos dijo nuestra fuente- Si no estuvieran de acuerdo, cómo salen a la reventa miles casi de inmediato y de todas las secciones. Es una reventa tecnológica, es un nado sincronizado, sincronizaditos para desplumarte mi fantom, si pudiera, si no nos quitaran los celulares sacaría un video, pero lo que se ve no se juzga”
Usted, está en el derecho de creer o no en los dichos de nuestras fuentes, pero de que hay puntos y evidencias para creer esta operación, por supuesto que las hay. Pero ojo, que el negocio es redondo. Me cuentan fuentes que piden el anonimato —porque si hablan creen estar seguros de que los borraran del mapa— que a la banda de revendedores tradicionales los mismos dueños del inmueble le sueltan el boletaje a sobreprecio y sucede en todos los eventos masivos, el modus operandi NO es exclusivo de ninguna boletera, unas lo hacen más, unas menos.
La explicación que me dio es simple y tiene lógica; Un boleto de mil pesos, la “casa” se lo da al revendedor en 4 mil. ¡Ahí el club o empresa ya cuadruplicó su ingreso sin mover un dedo! Es decir, es como si hubiera llenado el mismo estadio cuatro veces, con el precio de venta normal. Luego el revendedor, para que le salga, te lo tiene que empujar en 8 o 10 mil. Por eso cuando tú regateas con el tipo de la chamarra grande afuera del estadio, en realidad estás regateando con la ganancia de un intermediario que ya fue extorsionado por el propio dueño del equipo o del evento.
Y ni se preocupen por la policía; la mafia de la reventa tiene abogados y amparos listos. Pagan una multa de 3 mil pesitos —lo que ganan vendiendo una sola entrada— y de regreso a la calle. La reventa más que un delito, es una falta administrativa, así que no hay riesgo importante para quienes la practican.
LA ESTAFA DE LA IMAGEN
Pero les salió el tiro por la culata. A los revendedores, les vendieron los boletos muy caros, el gancho y la imagen de CR7, sería el anzuelo perfecto para provocar una reventa abominable así que compraron carísimo porque venia “el bicho”. Nos dicen que pagaron caprichos de entre 6 y 15 mil pesos por boleto. Y ahora que ‘El Bicho’ se lesionó y no viene, el interés se desplomó entre un 70 y 80% corren el riesgo de ni siquiera recuperar lo que ellos pagaron por ellos.
Si los dichos de nuestros contactados son ciertos y así como nos cuentan se efectúo el modus operandi la pregunta que salta es; ¿Perdió la “casa”? La respuesta es NO, solo gano menos. Ellos ya habrían ganado colocando a la reventa digital y presencial boletos en sobreprecio. Los que pueden perder son los revendedores que tendrán que sacrificar su ganancia o parte de ella, para salir tablas o en el peor de los casos, perder lo menos posible.
Hay información en redes, que no se ha corroborado que afirma que los revendedores querían ir a la PROFECO a demandar por publicidad engañosa porque usaron la imagen de Cristiano Ronaldo. ¡Háganme el favor! El estafador resultó estafado por el cartel del estadio. Esta historia de plano me resulta inverosímil.
UN RESTAURANTE DE LUJO
Y si usted fue de los estafados por los sobreprecios de la reventa y aun así hizo el esfuerzo para pagar y asistir a la reinauguración del ahora Estadio Banorte. Si usted es de esos afortunados le tengo noticias: prepare la cartera porque los precios son de restaurante con estrella Michelin.
¿Tres tacos? 230 pesotes ¿Una rebanada de pizza? 130 pesos. Unas papas, palomitas o marquesitas, cualquiera por 120. Mejor le dejo la carta para que vaya preparado con billete?

SERVICIOS ESPECIALES
Y si usted es de los privilegiados que tiene palco, se le van a hacer precios de antro de Polanco: el “paquetito” de 3 pomos a escoger, con sus hielos y 8 refrescos les saldrá en 4,200 pesos el más barato y 6,900 el más caro. Obvio es que para los que tienen un palco no es problema porque ellos no andan juntando la morralla para la caguama la tarjeta de papi paga y sin meses sin intereses. Ellos no sufrirán el impacto de estos precios.

El problema es el aficionado de a pie, ese que se retrata cada quince días en el estadio. Ese que ahora para gastarse dos mil pesos en los boletos de sus dos hijos, su señora y él. Esas experiencias de los nuevos tiempos en el Banorte cada vez les serán más complicadas e inaccesibles por el costo o de plano tendrá que irse bien comidos para que la tripa no chille en el segundo tiempo y encuentre una cartera vacía.
Al final del día, el fútbol mexicano aspira a la elite y no está mal, pero se olvida de sus bases de esos aficionados que lo convirtieron en el deporte más popular del mundo. El futbol mexicano con estos precios se está convirtiendo en una tienda de raya moderna para el aficionado de escasos recursos. Te cobran por respirar, te engañan con las figuras y te asaltan legalmente en la boletera. El aficionado ya no es el alma del juego, es solo el cajero automático de una estructura que no tiene llenadera y a la que no le importan los aficionados que no usan una American Express.