
Faltan solo unas horas para que ruede el balón en el Estadio Azteca y comience oficialmente la Copa Mundial de la FIFA 2026, el evento que no solo paraliza al planeta, sino que enciende una pasión colectiva en muchos de nosotros como pocos fenómenos culturales logran igualar, aun con todos los contraste que pueda tener.
En este mismo contexto, el cine también intenta retratar esa magia a través de la épica y el drama, aunque la nueva película de Netflix, “México 86” —dirigida con pulso afilado por Gabriel Ripstein—, decidió hacer algo más peculiar para esta temporada: en lugar de filmar la gloria de la cancha, se asoma a la trastienda de los escritorios.
El resultado no es un homenaje nostálgico al torneo que consagró a Maradona y definió para siempre la forma en que se realiza la justa mundialista, sino una radiografía satírica y descarada sobre la verdadera cancha donde se negocian los Mundiales.
La premisa de la cinta nos sitúa en un momento crítico de la historia deportiva. Es noviembre de 1982, Colombia acaba de renunciar a la Copa del Mundo por crisis económica y la FIFA busca un bombero de emergencia. Ahí entra Martín de la Torre, el astuto e improvisado burócrata de la Federación Mexicana de Fútbol interpretado por Diego Luna.
Armado con pura labia, cinismo y el clásico “ingenio mexicano” (muchas veces un eufemismo para el engaño), De la Torre se propone arrebatarle la sede a gigantes como Estados Unidos utilizando las tácticas más engañosas de la época.
Aunque la película advierte desde el inicio que se toma “licencias poéticas” y que el personaje de Luna es una amalgama ficticia —inspirada libremente en figuras reales como el presidente de la Federación de la época, Rafael del Castillo—, el ambiente que lo rodea es bastante real.
Daniel Giménez Cacho encarna con gran astucia a Emilio Azcárraga Milmo, Álvaro Guerrero a Don Guillermo Cañedo y tenemos las apariciones ficcionadas de José Ramón Fernández o un inconforme Hugo Sánchez (interpretado por Memo Villegas) que pretenden darnos en la cinta un deleite de ironía histórica.
Ripstein no plasma aquí un drama histórico solemne, sino una tragicomedia de humor negro muy propia, que toma como fuente principal de su narración el libro “El 86: El año en que México cambió al mundo”, escrito por el periodista Francisco Javier González y publicado en 2022.
Al retratar el detrás de cámaras de cómo México se convirtió en el primer país en albergar dos Mundiales, la película desnuda los vicios que pudiéramos pensar, moldearon no solo al fútbol nacional, sino la manera en que se prepara un evento de este nivel.
Por eso, el estreno de “México 86” no podría ser más oportuno, casi de una ironía poética; llega a las pantallas de streaming justo en los días en que el país vuelve a vestirse de gala para recibir la Copa Mundial de la FIFA México/Estados Unidos/Canadá 2026.
Cuarenta años después del torneo que marcó a una generación, la película nos obliga a preguntarnos: ¿Qué tanto ha cambiado realmente la maquinaria detrás del balón?

Sí, la producción destaca por la dirección de arte que recrea la atmósfera ochentera y el uso nostálgico de material de archivo que resulta emotivo, contrastante con el guión que nos muestra una alegoría a lo que implica llegar a acuerdos de este calibre sin el romanticismo con el que tendemos a recordar el pasado, aunque mucho de lo que vemos parta de los rumores y las pláticas de boca en boca, pero que no deja de funcionar como el mito de una realidad conocida.
“México 86” resulta en una película divertida, dinámica y punzante que demuestra que el fútbol es, además de un juego, un extraordinario y perverso negocio.
Una historia que impacta a los mexicanos por la relevancia que la justa veraniega tuvo y el legado que marcó un antes y un después para la FIFA —mismo del que quizá hoy padecemos las consecuencias—.
La obra nos ayuda a dimensionar —aun con situaciones ficticias—, cómo los goles más difíciles de México nunca se metieron en la cancha, sino en los pasillos de un hotel en Estocolmo.
Esta cinta, aun con el encanto de Luna y Karla Souza, para mí pudo ser mucho, mucho mejor; pero funciona como aperitivo para interesar hasta a los más escépticos al balompié en esta temporada y recordar la importancia de este hecho histórico a nivel cultural y mediático, y de cuyo impacto real les estaré escribiendo la próxima ocasión.
Mientras tanto, para todos los amantes del fútbol: ¡Feliz inicio de Mundial!
Ángel Sarmiento
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