Del “¡Sí se puede!” al “¿Y si, sí?”

Festejo En El Zócalo Por La Victoria De México Vs Chequia

Si de creer y confiar se trata, entonces en México tenemos un serio problema gracias al desgaste y a la confrontación social que se decidió impulsar como estrategia para dividir entre “fifís” y “chairos” a los ciudadanos de este país.

Nuestro reciente comportamiento colectivo exhibe ante el mundo la enorme necesidad que tenemos los mexicanos por festejar, ¡lo que sea!, pero celebrar algo para poder abrazarnos como aficionados y, en el fondo, para poder reencontrarnos como nación.

El espectacular negocio de la FIFA está resultando redondo porque está claro que dejará en apenas 5 semanas ganancias obscenas para los organizadores y, al mismo tiempo, permitirá a patrocinadores y países anfitriones llevarse una rebanada nada despreciable del mundial de fútbol.

Sin embargo, este torneo de balompié internacional ha traído consigo otro tipo de beneficios emocionales, de esos que por fortuna no se pueden calcular ni cuantificar con billetes.

En México, por ejemplo, el conveniente “sorteo” de primera ronda para la selección nacional se tradujo en 3 victorias históricas dentro del territorio nacional, lo que a su vez se convirtió en tres poderosas inyecciones de unidad, alegría y olvido momentáneo para más de 100 millones de mexicanos.

Así de claro y así de evidente, la primera fase del mundial de la FIFA nos concedió 15 días de olvido circunstancial y un descanso emocional necesarísimo; sí, dos hermosas semanas de ilusión, de ánimo, de optimismo, de abrazos, de porras, de cantos, de patos y de millones de playeras verdes.

Como nunca en la historia, cientos de miles han tomado las calles de este país para desbordarse en un ánimo inimaginable de alegría y júbilo penosamente pasajeros.

No obstante, el desgaste acumulado por el asqueroso y deleznable ambiente político en México, sin duda ha diezmado a la sociedad y ha cobrado fracturas en los niveles de esperanza colectiva.

Tal vez esa sea la razón por la que la sociedad mexicana ya no puede gritar con convicción el emblemático “¡Sí se puede!” de pasadas justas mundialistas.

En este mundial los mexicanos han preferido adoptar la interrogante en la frase “¿Y si, sí…?”, aludiendo a la posibilidad de que en esta ocasión los seleccionados nacionales logren el tan anhelado quinto partido.

La expresión que denota el ánimo de cuestionarse una vaga pero esperanzadora posibilidad para avanzar en el mundial de fútbol se ha viralizado y es, sin duda, el reflejo de un ánimo colectivo encendido por lo que podría ocurrir mañana martes 30 de junio.

La realidad, sin embargo, es que desde este fin de semana la selección mexicana sabe que va contra su similar de Ecuador y no son pocos los que han comenzado a sufrir por imaginar una vez más la dolorosa descalificación.

El mundial de fútbol está por terminar para México como país anfitrión y hoy, más allá de las muchas polémicas por el secuestro de este popular deporte, solo resta decir: gracias FIFA por darnos a los de casa la oportunidad de volver a soñar, de volver a gritar y celebrar la alegría de ser mexicanos soñadores.

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