
Rendir cuentas es una obligación democrática. El 15 de julio comparecí ante el Congreso del Estado bajo está convicción. Presentamos estudios, datos y argumentos sobre el Sistema de Transporte por Cable: explicamos el sustento legal, su planeación, impacto ambiental, costo-beneficio y, lo más importante, su sentido social.

Ninguna obra en la historia de Puebla había sido tan socializada como ésta. Se ha escuchado a ciudadanos, colectivos, especialistas y académicos.
Durante el ejercicio hubo algo que llamó mi atención: después de entregar la información y explicar cada punto con claridad, algunos legisladores de oposición no pudieron, o no quisieron, entender. Tal vez les sorprende que una obra puede ser sustentable, eficiente y buena para la gente. Les cuesta reconocerlo porque, cuando gobernaron, no lo hicieron así.

Preocupa que tomen la información, la saquen de contexto, la inflen en redes y después la presenten como un supuesto “golpe victorioso”. Desinformar sobre una obra pública no fortalece a la oposición; debilita el debate y le hace daño a Puebla.
Para hablar con autoridad hay que predicar con el ejemplo. Todos los puntos de vista son respetables cuando se sostienen con información y argumentos. Lo que no se vale es cuestionar desde la comodidad del discurso cuando los gobiernos panistas dejaron elefantes blancos y proyectos sin beneficio.
Ellos ya tuvieron su oportunidad y no lo hicieron bien. Nuestra ruta es distinta. El STC busca reducir tiempos, mejorar la movilidad y apoyar la economía familiar. Es una obra útil, social y bien planeada. Justo lo que ellos no supieron hacer.

Como lo dije en comparecencia: es momento de dejar atrás la politiquería y pensar en la gente. El proyecto sigue en marcha y pronto será realidad. Puebla merece movilidad digna, obras útiles y un gobierno que hable con la verdad.
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