
Las evidencias fotográficas, científicas y físicas recabadas en la escena del deceso refieren de manera casi irrefutable que el doctor Rubén Alberto Curiel Tejeda habría decidido abandonar este plano material disparando asimismo con una pistola escuadra calibre 380.
Sin embargo, hoy las evidencias por sólidas que puedan ser, sucumben ante la desconfianza sembrada en una sociedad dividida, distraída y convulsa.
La cronología, las pruebas fotográficas y de video existentes sobre el antes y después del funesto evento casi no dejan espacios para teorías conspirativas, de esas que se viralizan de inmediato por el escándalo político garantizado.
Sin embargo, en el México de hoy, las potenciales pruebas y circunstancias de una tragedia humana son lo menos importante si esta puede convertirse en la oportunidad política y mediática para destruir al adversario.
El ex fiscal anticorrupción en Puebla murió de manera lamentable en la oscuridad de un estacionamiento subterráneo en el que por la hora, nadie, increíblemente nadie se percató de su ausencia y de su circunstancia personal.
Tampoco nadie notó un comportamiento extraño ni antes ni después de la visita número 16 de la titular del ejecutivo federal, evento al que se asegura, el doctor Curiel Tejeda asistió con la disposición personal que lo caracterizó en vida.
En la cronología de los hechos, una llamada personal, una aparente discusión vía celular y un fuerte arrebato emocional fueron el preámbulo de la fatal decisión; cierto es que el investigador dejó de existir solo, encerrado en su vehículo y sentado frente al volante.
Un último mensaje bloqueado, una sola arma, un solo disparo y una trayectoria mortal incuestionable son la base de esta historia.
La posición del cuerpo, la ubicación de la pistola y la ventanilla del conductor atravesada por el mismo proyectil dan una claridad evidente de la verdad histórica de este trágico hecho.
Sin embargo, nada de esta cronología es ni será relevante cuando de descalificar se trate en las próximas semanas.
La dolida familia del extinto funcionario pide de manera más que justificada respeto a la memoria del doctor y al dolor de sus deudos, pero en tiempos donde la especulación es deporte que se ovaciona y se estimula, el respeto es casi imposible.
Las autoridades están obligadas a aprender rápidamente de los errores cometidos en este y en otros muchos casos, porque está claro que en México, los gobiernos corren sobre campos minados de escándalos y cosas peores.
La crisis de credibilidad institucional por la que atraviesan las autoridades de todos los niveles y de todos los partidos políticos en este país no tiene precedente.
La pelea por el poder político en México ha desatado niveles de toxicidad, desconfianza y división nunca antes vistos entre los mexicanos.
Y es que hoy como nunca: ni la verdad importa, ni la civilidad alcanza.
A la familia del Dr. Curiel Tejeda la solidaridad y las condolencias por la pérdida tan lamentable de su ser querido y por la experiencia tan desafortunada en la exposición pública.
A los poblanos, la obligada reflexión del delicado momento que como sociedad atravesamos.
A los mexicanos, la inevitable advertencia por un futuro inmediato plagado de escándalos y violencia que ya se asoman.
Es una pena, pero es el México de hoy.