

Hace unas semanas hablando del termino ACECHO con una persona, en tono burlón me dijo que ya no iba a poder ver a nadie porque le daba miedo ser acusado de este tipo de violencia, mismo que fue apoyado por otras personas que estaban en el circulo. Me convencí aun más de la desinformación que hay en torno a este mal que aqueja a miles de personas y es por eso que la Ley presentada por el Congreso del Estado de Puebla el día 2 de Octubre me parece tan relevante.
Al estudiar los casos de acecho como el de Valería Macías en Monterrey, he podido comprender que es la antesala a múltiples tipos de violencia como el acoso sexual, podría decirse que observando el hecho de acecho por sí solo puede sugerirse como un imaginario, sin embargo, el ACECHO no es un hecho aislado, ya que comprende conductas reiteradas y no consentidas como puede ser el contacto, vigilancia, seguimiento, localización, mensajes, difusión, suplantación, amenazas o monitoreo de redes.

Y es que el daño no se limita a cada mensaje o aproximación, surge de una reiteración, de la negativa de respetar limites expresos, lo que lleva a la gravedad del acecho es la persistencia, la invasión de límites y el riesgo progresivo que se encuentra la victima que lo padece, considerando que este tipo de actos obliga a la persona afectada modificar su vida cotidiana para mantenerse a salvo.
Cuando una persona vive acecho pierde su autodeterminación, privacidad y esfera personal viendo afectado su proyecto de vida, vulnerando la dignidad al tratar a la persona como objeto de observación, vigilancia o control, también condiciona decisiones íntimas y ordinarias como es la forma en que te comunicas, transitas, publicas en tus redes, vives en el día a día y de relacionarse o expresarse, llevándote a un estado condicionado por temor y sin libertad para desarrollarte.
Es así como el Congreso del Estado de Puebla da un paso importante presentando la Ley de Acecho para ser evaluada en comisiones y posterior someter al pleno, este es un comienzo para caminar hacia la sanción de este tipo de violencia que hasta el día de hoy esta invisibilizada, buscándola nombrar y castigar.

No debemos esperar a que suceda un feminicidio para comenzar a activar mecanismos de prevención y atención, las violencias que intimidan o derivan en una intromisión sin consentimiento, causan daños psicológicos a la victima y su entrono cotidiano desde lo laboral a lo familiar, por lo tanto, el acceso a la justicia debe encontrar un camino para que ya no haya ausencias en los marcos jurídicos que pongan en riesgo a las mujeres.
En Puebla, ya se construye este camino de análisis, que permitirán generar herramientas y mecanismos para que esta Ley pueda ser una realidad impulsando una vida sin miedo para todas.
Por eso, aunque incomode a muchas personas comenzar hablar de acecho es importante, ya que permite romper el silencio y los mitos, ayudando así a crear una sociedad vigilante rumbo a la construcción de espacios igualitarios. Donde se deje de normalizar acciones violentas, cerrando vacíos institucionales e identificar el peligro a tiempo que pueda sufrir una persona, entendiendo que no están sola y pueden buscar apoyos psicológicos o legales eficaces a un buen tiempo.
Recordemos que nuestra paz no es negociable, si estás viviendo ACECHO reconócelo, no es normal, no es tu culpa y no estás exagerando. Tu miedo, tu angustia y tu intuición son completamente válidos. No tienes que transitar por este camino a solas; hay personas dispuestas a escucharte, creerte y caminar contigo.
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