
Hablar de cine mexicano contemporáneo suele obligarme a entrar siempre en el dilema constante: nuestra identidad real vs la réplica de formatos extranjeros. La gran pantalla nacional oscila entre la comedia ligera comercial —que muy pocas veces se siente realmente nuestra— y el retrato de una realidad que, aunque a muchos incomoda, nos cruza a diario en los noticieros y en las conversaciones en la mesa. Por esto mismo, cuando encuentro un trabajo sin otro propósito que darle visibilidad a dichas historias me siento obligado a hacer eco del mismo, y en esta ocasión puedo hablar gratamente de “En el camino”.
Dirigida por David Pablos y respaldada por casas productoras como Animal de Luz Films y La Corriente del Golfo, de Diego Luna, “En el camino” llegó a plataformas hace unos días, luego de un paso bastante humilde por salas comerciales —aunque aclamada por la crítica especializada—. Esta cruda y honesta historia nos adentra en las rutas polvorientas y hostiles del norte de México; pero les advierto que es necesario tener la mente libre de juicios, pues sin duda le resultará muy difícil ver a mis lectores más conservadores.
La trama sigue los pasos de “Veneno”, un joven que sobrevive en los paraderos de carretera vendiendo su cuerpo y sustancias ilícitas, quien en su andar solitario cruza caminos con “Muñeco”, un trailero atrapado en la sombra de las adicciones y en la monotonía desgastante de su vida en la ruta —que le ha llevado a mantenerse lejos de su familia—. Lo que comienza como un encuentro fortuito da pie a un viaje y a un vínculo inesperado en medio del desierto, que resulta un agudo reportaje visual sobre el México real y el peligro constante de las autopistas federales. Un homenaje sombrío pero necesario a los hombres y mujeres del volante que sostienen la economía del país a costa de su propia tranquilidad y salud mental, así como a la diversidad que se esconde entre los mismos.
Les escribo sobre una historia que involucra una relación absolutamente fuera del convencionalismo social; y me refiero al deseo carnal y la necesidad afectiva que nace entre 2 hombres de forma romántica, pero que responde a un vacio por la falta de un padre y un hijo, respectivamente. Un relato que no culpo si a muchos les parece difícil de atestiguar, específicamente por las escenas sexuales absolutamente explicitas, pero que su director consideró necesarias para profundizar la psicología de sus personajes.
Hablando de sus logros, cuando la cinta estuvo hace unos meses en cines, poco contexto tenía de la misma además de que —como siempre—, el escepticismo mexicano la hizo a un lado de manera rápida, respuesta contraria a la del público extranjero. El rigor artístico y la valentía narrativa de “En el camino” no pasaron desapercibidos fuera de nuestras fronteras al cosechar un éxito rotundo en el circuito internacional de festivales, destacando de manera sobresaliente en el prestigioso Festival de Venecia, donde triunfó dentro de la competitiva sección Orizzonti y se alzó con el codiciado Queer Lion Award para validar el talento técnico y discursivo del cine mexicano actual, demostrando que nuestras historias locales poseen una resonancia humana universal.
El verdadero reto de una obra de esta magnitud ocurre al regresar a casa y enfrentarse a a la indiferencia o al desagrado de audiencias para quienes la trama, la crudeza del lenguaje y las explícitas escenas de la película pueden resultar sumamente fuertes, incómodas y ajenas a su visión del mundo, pero recordándonos que ahí radica precisamente la grandeza y la urgencia de este cine.
“En el camino” no tiene que ser una película cómoda —ni pretende serlo—, es un recordatorio de que el cine nacional tiene el deber de retratar las grietas de nuestro tejido social, por lo que acercarse a ella —incluso desde la incomodidad— representa un ejercicio indispensable de madurez cívica y cultural, ya que solo a través de mirar sin filtros las realidades de los “Venenos” y los “Muñecos” de nuestro México profundo podremos empezar a comprender el tamaño de los caminos que aún nos falta por andar como sociedad. Para todos los interesados, la cinta está disponible en HBO Max.
Angel Sarmiento
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