
La doctora puede y debe aprovechar este momento clave para desde su posición, sobre poner los intereses de una nación entera a los de un grupúsculo que lejos de su principio básico, sí robó, sí mintió y sí traicionó al pueblo de México.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha decidido comenzar a cambiar el sentido de su discurso sobre una férrea defensa a la soberanía nacional y a los impresentables de la 4T, y hace muy bien.
Ahora ya no promete una pelea feroz por los de su movimiento y ha dejado de utilizar como estandarte discursivo el concepto de “cuarta transformación” para sustituirlo poco a poquito por el de “transformación del pueblo de México”.
En su más reciente gira de trabajo por el estado de Yucatán, la mandataria federal mandó un mensaje a las autoridades de los Estados Unidos luego de que dos funcionarios clave en el gobierno de Rubén Rocha Moya decidieron ir a entregarse voluntariamente al gobierno que los acusa de operadores del narco.
Ante la culpabilidad evidente de dos hombres cercanísimos al gobernador de Sinaloa, la mandataria declaró: “Ningún gobierno extranjero le va a arrebatar la transformación al pueblo de México”.
En su discurso añadió que ni los corruptos del pasado ni ninguna persona (del presente) que no sea honesta y que no sea honrada, podrá “ponerse” bajo el halo de la transformación del pueblo de México.
El mensaje es elocuente y por mucho justificado; va para todas y todos lo que a estas alturas, sin duda ya traicionaron los preceptos del movimiento transformador.
Y es que ante la sumisa y voluntaria entrega de los que hasta dos semanas eran defendidos por la propia presidenta, hoy está claro el camino que van a intentar todos aquellos que ya forman parte de expedientes e investigaciones armadas desde el vecino país del norte.
Hoy ya no existe ninguna duda de que son muchísimos los operadores y “cuadros” de la 4T que serán señalados y acusados desde los EEUU; tampoco hay duda de que lejos de buscar la protección de la justicia mexicana y de su movimiento transformador, estos traidores a la patria buscarán acogerse a los generosos programas de testigos colaboradores en la unión americana.
El dilema se asoma por demás delicado para MORENA y es que quienes bajo el manto protector del movimiento obradorista se coludieron y hasta se fundieron en abrazos con los dueños del crimen y la delincuencia organizada, hoy tienen sus días de impunidad contados desde fuera y desde dentro.
La presión para el “movimiento transformador” ahora ya no solo se aprecia desde Washington o Palenque, los malosos también harán valer su intención por cobrar todos los acuerdos a los que llegaron con los personajes del poder en turno.
Todo indica que el tiempo de pagar ha llegado.
Ante la “traición” del General Gerardo Mérida Sánchez ex secretario de seguridad y de Enrique Díaz Vega ex titular de finanzas en el gobierno sinaloense de Rubén Rocha Moya, la mandataria tiene la oportunidad de deslindarse de esos grupos y de esos pactos.
Hoy está claro que todos los involucrados en las profundas y extensas redes de complicidad ordenadas desde el poder entre el narco y la política transformadora no se van a esperar a ser defendidos por la cuarta transformación.
Todos (as) los “tocados” por el dedo redentor del mesías, ya tienen sus cálculos y sus estrategias bien definidas para cuando el hilo de la complicidad los alcance.
La doctora puede y debe aprovechar este momento clave para desde su posición, sobre poner los intereses de una nación entera a los de un grupúsculo que lejos de su principio básico, sí robó, sí mintió y sí traicionó al pueblo de México.
La presidenta puede pasar a la historia no solo como la primera mujer en el poder ejecutivo mexicano sino también, como la primera mujer en limpiar y salvar a una nación hundida en la corrupción y la delincuencia.