
No cabe duda, como se ha reconocido a través del tiempo, que la ciencia es uno de los más importantes logros o conquistas de la mente humana, que está en constante estudio, análisis, encuentros y, en consecuencia, construyendo una nueva historia de la humanidad como verdad objetiva.
Desde luego no podemos descartar los trascendentales logros de nuestros ancestros, que gracias a ellos la humanidad fue avanzando. Pero en realidad no podemos detenernos en los tiempos de hoy, y sin perder el sentido del humanismo observar los avances que han surgido en este siglo XXI.
Entre otros aspectos que se han generado cambios señalamos que en el siglo XXI ha sido uno de los períodos de mayor aceleración científica y tecnológica de la historia.
A continuación presento algunos de los experimentos y desarrollos más importantes:
Más que experimentos aislados, el siglo XXI se caracteriza por grandes proyectos internacionales en los que colaboran miles de científicos e ingenieros. La ciencia actual combina física, biología, informática, matemáticas e inteligencia artificial para abordar preguntas que hace apenas unas décadas parecían inalcanzables.
Muchos historiadores de la ciencia consideran que, si el siglo XX fué el de la energía nuclear, la aviación y la llegada a la Luna, el siglo XXI probablemente será recordado por la inteligencia artificial, la genética, la observación del universo profundo y el avance hacia energías más limpias.
Los seres humanos tenemos que entender esos avances nos guste o no; tenemos que sumarnos a ellos. Todo será nuevo, debemos conocer e informarnos y no estemos sólo sorprendiéndonos de lo que sucede; no debemos olvidar que sobre todo ello se debía fortalecer el humanismo, que corre peligro con ciertos avances técnicos y cientificos.
Nos señala John Gribbin en su brillante libro Historia de la Ciencia que:
“Lo más importante que la ciencia nos enseña sobre el lugar que ocupamos en el universo es que no somos especiales.”
El proceso comenzó en el siglo XCI con la obra de Nicola Copérnico, quien planteó que la Tierra no estaba en el centro del universo y se aceleró después de que Galileo, a principios del siglo XCII, utilizara un telescopio para obtener la prueba definitiva de que la Tierra es en realidad un planeta que describe una órbita alrededor del Sol.
Con las oleadas sucesivas de descubrimientos astronómicos que se produjeron durante los siglos siguientes, los astrónomos se dieron cuenta de que, del mismo modo que la Tierra es un planeta ordinario, también el Sol es una estrella ordinaria (una de los varios cientos de miles de millones de estrellas que forman nuestra galaxia, la Vía Láctea) y la propia Vía Láctea es tan sólo una galaxia ordinaria (una de los varios cientos de miles de millones que hay en el universo visible). Llegaron incluso a plantear, a finales del siglo XX, que este universo puede no ser el único.
Sobre todo lo dicho, debemos reconocer que los posibles avances de la ciencia van a generar transformaciones sociales, desequilibrios entre las comunidades, la tecnología que creará imperios de poder económico, altas migraciones, y una gran parte de la población que al convertirse en improductiva quedará encerrada, olvidada, marginada y discriminada.
Además también hay que recordar el sorprendente avance técnico y científico en los mecanismos de los conflictos bélicos, en los sistemas interplanetarios, a los denominados drones, las armas laser, aviones supersónicos, los perros robots con ametralladoras, los robots asesinos, y la grave crisis climática que ya está con todos sus perjuicios a los seres humanos y a la naturaleza.
Hoy hay muchas fábricas produciendo armas, bombas, drones, maquinaria y vehículos para atacar y defender en los conflictos bélicos.
Recordaba un episodio que nos narra que, estando en el campo, un niño observó que una fábrica echaba mucho humo negro, y preguntó: “¿porqué están ensuciando y pintando de oscuro al cielo?”.
También nos preguntamos si estamos perdiendo el sentido humanista, pues hace poco tiempo la luna enseñó el otro lado de su cara, y no hay poetas, músicos y escritores que le escriban un verso. Recuerdo cuando se le pedía a la novia que mirara a la luna, pues se quería ver a la luna reflejando en los ojos de su novia. Había humanismo romántico.
Y así llegará la ciencia a Marte, y ya no habrá en la Tierra seres humanos, sino sólo máquinas y regresaremos al caos.
Las máquinas y el humo negro ensucian al humanismo.