
“Vendrán suaves lluvias” es un cuento del escritor norteamericano Ray Bradbury, mejor conocido por las novelas Fahrenheit 451 y Las Crónicas Marcianas. En este cuento, se exploran de manera distópica y futurista las cosas que quedarán en la Tierra una vez que los humanos no estemos.
Publicada originalmente en 1950, la historia sucede en el año 2026: durante el día 5 de agosto del presente año. La narración es llevada por medio de la perspectiva de una casa automatizada con inteligencia artificial: donde la cocina sabe cuántos cafés hacer en la mañana, cómo lavar los trastes, y qué recordatorios darle a la ahora ausente familia que alguna vez habitó el espacio.
Entre mensajes como “la póliza del seguro debe ser pagada hoy” y “está lloviendo afuera, utilicen un rompevientos”, la casa demuestra desde una perspectiva tremendamente personal pero nada humana su rutina. El garaje se abre sólo y el coche se calienta, los cuartos son limpiados por pequeños robots que salen de las paredes e incineran hasta el más inocuo pedazo de polvo. La sala prepara la chimenea y la habitación de los niños busca entretenerse con algo dentro de este silencio.
Por medio de una imagen de unas siluetas definidas en una de las paredes exteriores de la casa, de dos adultos y niños, desaparecidos a consecuencia de una catástrofe que ha destruido el resto del mundo menos la casa (probablemente haciendo alusión a una bomba nuclear), se da a entender que la actividad de la casa existe en un vacío: su automatización ha perdido el sentido y propósito: nadie se tomará los martinis preparados en el jardín, nadie comerá los hotcakes con tocino.
La historia continúa con la inescapable destrucción de la casa por medio de un árbol que se desploma sobre la ventana de la cocina: causando un incendio que ni siquiera la tecnología puede apagar. El caos sube como las llamas por las paredes y todo ha terminado. Sin embargo, la voz continúa diciendo por las bocinas restantes de la casa: “Hoy es el 5 de agosto de 2026”. Demostrando cómo, a pesar de haber perdido todo su propósito, la tecnología de la casa no puede separarse de su funcionalidad inerente.
Tenía mucho tiempo desde la primera vez que leí esta historia (creo que 7 años), y debo decir que las realizaciones que tuve al releerla fueron atemorizantes. Inicialmente, entendí esta historia como una de crisis ambiental: de cómo la tecnología, al final, será corroída por la naturaleza en un futuro en el que nosotros, los humanos, ya no estemos ahí para entorpecer el proceso natural de la Tierra.
Sin embargo, leyéndola en pleno 2026, me doy cuenta de lo realista de la dependencia en la automatización de la narrativa de Bradbury. Durante este año, hemos visto los resultados de los horrores del libre acceso a la inteligencia artificial: modelos de lenguaje producionedo alucinaciones que llevan a la desinformación masiva, pornografñia creada en contra de la voluntad de mujeres por medio de acceso a sus perfiles de internet, destrucción ambiental, un declive en picada de las habilidades cognitivas de usuaros de modelos como Chat GPT, pérdidas pedagógicas dentro de la educación, vigilancia a niveles nunca antes vistos por medio de el estado en diferentes países, etc.
¿Qué ganamos de la automatización si esta no nos salvará de las guerras y de nuestra propia destrucción? ¿Qué quedará detrás, cuando nosotros no estemos? ¿Tu historial pidiéndole a ChatGPT que te diga cómo te verías en los 80, aunque estuviste vivo en esa época?
Bradbury, Ray. There Will Come Soft Rains.
Traducción al español: