El México que no quiere ver

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Dice el dicho que no hay peor ciego que el que no quiere ver y sordo que no quiere escuchar.

Eso es justo lo que le está pasando a este país y a esta sociedad de mexicanos confiados escépticos y distraídos.

El caso de Guadalupe Taddei y su contratista predilecto José Alfredo Hernández Casillas son el ejemplo perfecto de cómo a los mexicanos ya no nos sorprende el nivel de descaro con el que se atascan y se justifican personajes emanados y vinculados a la cuarta transformación.

El INE que tanto tiempo, dinero y esfuerzo costó construir a este país, dejó de ser el instituto garante de la democracia para convertirse en la oficina de una “autoridad” electoral con cuestionada reputación y calidad moral.

Ello no debe sorprender a nadie, este instituto perdió importantes grados de confianza desde que fue tomado por el poder gobernante justo para hacer del árbitro electoral un sumiso garante de sus deseos.

Tampoco debe sorprender a nadie el grado de corrupción y complicidad con el que hoy sabemos, cómo se ordenan y se manejan los contratos multimillonarios de un organismo público autónomo de México.

O el cinismo con el que se mueven y justifican su todavía presidenta, sus hijos, sus decenas de familiares empleados en oficinas de gobierno y por supuesto, los muchos colaboradores y operadores de confianza.

Nadie se puede llamar sorprendido por la miseria moral mostrada por quien de manera perversa sedujo, envolvió, paseó, festejó, manipuló, exhibió y traicionó a una funcionaria federal como la señora Taddei.

Los videos y grabaciones “privadas” que se filtraron a diferentes medios de comunicación refieren una clara estrategia de “protección” de quien buscó hacerse de una parte importante del presupuesto público del INE.

Hoy todo ese material es público y el caso “Taddei-INE” es un escándalo nacional no por un descuido de su autor, sino porque precisamente ello estaba armado y almacenado justo para esto que hoy es otro espectáculo que ya no sorprende a nadie.

Lo inverosímil es que pese a las investigaciones de la Auditoría Superior de la Federación por irregularidades en la asignación de contratos millonarios y por un evidente conflicto de intereses, la señora Guadalupe Taddei aseguraba este fin de semana que no renunciaría a su cargo.

Es decir, en ese mar de impunidad morenista no importa el escándalo político desatado, poco importaba la ilegitimidad que representaría su permanencia en el INE, tampoco importan las evidencias que la exhibieron y prácticamente la condenaron de manera pública.

Hasta ayer domingo poco importaban los audios, los videos y todas las potenciales pruebas que giraran en torno a múltiples contratos pagados con dinero público.

Al cierre de este fin de semana, la presión pudo más que el chantaje y la señora Taddei tendrá que irse del INE.

No la molestarán pese a los potenciales delitos solapados desde la presidencia del organismo porque 
Guadalupe Taddei Zavala sabe mucho que le permite sentirse segura y tranquila pese a las investigaciones a la grave exhibición de que fue objeto ella y su familia.

En el muy cuestionado INE se ofrece un micrositio para que todo aquel interesado en este turbio caso pueda acudir, consultar y sacar sus conclusiones.

La realidad es que los mexicanos merecemos mucho más que un micrositio; este país merece un Instituto Nacional Electoral fuerte que goce de la confianza de sus ciudadanos ante un proceso que será clave para el futuro político, económico y social de esta nación.

La 4T sigue intentando normalizar el grado de podredumbre en el que algunos de sus “recomendados” transforman las instituciones de México.

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