
El intento por volver a ignorar a la presidenta y empujar el absurdo regreso de Rubén Rocha Moya a la frágil gubernatura de Sinaloa parece que ha llevado a la doctora al límite de su paciencia y prudencia.
El juego perverso e insistente por tratar de confundir a los mexicanos sobre el origen de la real toma de decisiones en el gobierno federal, ha logrado poner en riesgo de fractura la lealtad ciega al líder de la cuarta transformación.
Por eso el impresentable de Rocha Moya regresó envalentonado al edificio de gobierno de Sinaloa, por eso también y con la poquísima dignidad de que era capaz, tuvo que pedir una nueva “licencia” y salir condenado y solo a su propia muerte política.
Es evidente que uno de los hombres más cercanos a López Obrador, no tomó solo la decisión de desafiar a la presidenta mexicana y al gobierno de los Estados Unidos; está claro como nunca que el septuagenario solo obedeció una orden mal calculada.
Con la pifia y el ridículo expuestos en apenas 32 horas de “gobierno restaurado”, sobra escribir que los dueños del movimiento están furiosos e inconformes con la presión norteamericana, esa presión que aprieta, que quita visas y que respira cada vez más cerca de la nuca de los señalados.
No es casualidad que el gobierno federal, MORENA, los gobernadores y legisladores federales de la 4T hayan externado en cosa de horas su rechazo a la “equivocada decisión personal” del abandonado mandatario.
Los pronunciamientos van más allá, porque en el fondo y con estos pronunciamientos públicos, los morenistas con cargo de elección popular se tuvieron que decantar y declarar leales a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Por cierto, no todos respaldaron a la presidenta.
Este escenario era por mucho predecible y ahora, inevitable; el coraje, la soberbia y el ego desbordado de quienes se sienten cada vez menos protegidos por el gobierno de la Dra. Sheinbaum ha provocado un cisma en la 4T.
Es evidente que no hay una ruptura, pero sí una fractura que lo puede comprometer todo para los López.
Con toda la presión norteamericana, con todos los señalamientos públicos de corrupción y colusión, con las recientes detenciones de hombres clave en los casos del huachicol fiscal y extracción del Mayo Zambada, el caso Rubén Rocha Moya se ha vuelto indefendible.
Más aún, debería ser insostenible.
Ya lo veremos este mismo lunes con la postura que deberá fijar la presidenta de México.