RM4 MOVIÓ SUS PIEZAS; CHILE MOVIÓ EL MARCADOR Y EL PARTIDO

C9590f0b Af2d 4245 9f8e 3bf23fae54cb

México debía levantarse después de que Estados Unidos lo mandó a la lona. Por funcionamiento, por reacción y también por orgullo. Chile volvió a derribarlo.

Amigo lector:

Después de perder 3-0 contra Estados Unidos pensé que Rafael Márquez y la Selección Mexicana habían tocado fondo.

Me equivoqué.

Todavía quedaba Chile.

Y no porque perder contra los chilenos constituya una vergüenza.

No nos confundamos.

El problema no es perder contra Chile. El problema es que éste era el partido en el que México debía demostrar que sabía levantarse.

Rafael Márquez había empatado contra Colombia y Perú antes de que Estados Unidos, su némesis, lo exhibiera con un 3-0.

Chile era el cuarto partido.

No necesariamente había que golear ni jugar maravillosamente.

Había que reaccionar.

Por funcionamiento.

Por carácter.

Y también por orgullo.

México perdió 2-0.

LA PELOTA NO ES EL PARTIDO

Pero comencemos por reconocer lo que México sí hizo mejor.

Compitió durante buena parte del primer tiempo, llegó al descanso sin recibir gol y generó oportunidades.

Terminó el encuentro con 13 remates contra ocho de Chile.

Es decir, hubo producción.

Lo que no hubo fue gobierno.

Porque México volvió a confundir tener la pelota con controlar lo que sucedía con ella.

Chile entendió perfectamente dónde podía lastimarlo: recuperar, correr y atacar las espaldas de una defensa obligada a regresar hacia su propia portería.

Y aquí aparece algo que no podemos ignorar.

Ya lo habíamos señalado.

La transición defensiva después de perder la pelota era nuestro FOCO ROJO 001.

Contra Chile volvió a aparecer.

Y un foco rojo que se repite deja de ser solamente advertencia.

Empieza a convertirse en problema.

Chile avisó.

Hasta que dejó de avisar.

Gol.

Rafael Márquez reconocería después el problema de los espacios a las espaldas de su defensa.

Y Nicolás Córdova terminó de explicar la otra mitad: Chile alternó sus presiones buscando que, al recuperar, sus hombres rápidos encontraran espacio para correr.

Ahí está el partido.

México tuvo la pelota. Chile sabía para qué quería recuperarla.

Mire usted.

Identificar una herida no significa haberla cerrado.

Y cuando el adversario también la descubre, corresponde al Seleccionador encontrar cómo hacerlo.

CINCO PIEZAS

Minuto 64.

Rafa miró hacia la banca y prácticamente de golpe aparecieron Jorge Sánchez, Johan Vásquez, Denzell García, Santiago Giménez e Isaías Violante.

Cinco modificaciones.

Cinco piezas nuevas sobre el tablero.

La pregunta no es si hizo cambios.

Los hizo.

La pregunta es:

¿Cambió futbolistas o cambió el partido?

Porque no es lo mismo.

Cambiar nombres puede refrescar piernas.

Corregir exige modificar aquello que el adversario está aprovechando.

Un minuto después Chile marcó el segundo.

Sería absurdo responsabilizar de ese gol a cinco futbolistas que apenas terminaban de entrar.

Pero después ocurrió algo bastante más revelador.

Chile continuó jugando el partido que le convenía.

México era quien necesitaba modificarlo.

Chile no tuvo necesidad de hacerlo.

RM4 movió sus piezas.

Chile movió el marcador y el partido.

LOS YERROS

Ahora bien.

Sería demasiado cómodo cargar todos los pecados de la noche sobre el banquillo mexicano.

México también tuvo yerros.

En ataque y en defensa.

Oportunidades desperdiciadas, remates mal ejecutados, pases equivocados, duelos perdidos e intervenciones defensivas mal resueltas.

Rafael Márquez no remata, no cabecea ni entrega la pelota.

El Seleccionador decide.

El futbolista ejecuta.

Pero ahí no termina la responsabilidad del entrenador.

Porque después de observar la ejecución aparece otra decisión.

¿Insiste?

¿Corrige?

¿Protege?

¿Sustituye?

¿Descarta?

Un yerro puede pertenecer exclusivamente al futbolista.

La repetición de ese yerro ya constituye información para quien lo seleccionó.

Y entonces la responsabilidad regresa al banquillo.

Seleccionar no consiste solamente en decidir quién juega.

Consiste también en decidir qué hacer con aquello que sus futbolistas ya le enseñaron.

LA CABEZA TAMBIÉN JUEGA

Existe otra advertencia.

Contra Estados Unidos, Mateo Chávez perdió el control, fue expulsado y dejó todavía más comprometido a un equipo que ya navegaba contra corriente.

Contra Chile no hubo expulsión.

Pero pudo haberla.

Everardo López soltó un manotazo sobre Gabriel Suazo cuando México ya perdía 2-0. El VAR revisó la acción y el árbitro mantuvo solamente la tarjeta amarilla.

Son dos futbolistas distintos.

Dos acciones tampoco permiten construir todavía un patrón.

Pero sí una advertencia.

Y Rafael Márquez y su cuerpo técnico harían mal en ignorarla.

Porque un Seleccionador no solamente prepara piernas, movimientos y sistemas.

También debe preparar cabezas.

Disciplina técnica para saber qué hacer.

Disciplina táctica para saber dónde hacerlo.

Y disciplina emocional para saber qué no hacer cuando el partido comienza a escapar.

Estados Unidos castigó a México.

Chile también.

México no puede, además, comenzar a castigarse solo.

INFORMACIÓN NO ES APRENDIZAJE

Permítame detenerme aquí.

Después de cuatro partidos Rafael Márquez seguramente conoce mejor a sus futbolistas.

Ése era uno de los propósitos.

Y cuenta.

El propio Rafa aseguró después del encuentro tener mayor claridad sobre los futbolistas que necesita.

Qué bueno.

Pero acumular información no necesariamente significa haber aprendido.

El aprendizaje aparece cuando aquello que usted descubrió modifica la siguiente decisión.

Colombia proporcionó información.

Perú también.

Estados Unidos descubrió brutalmente algunos problemas.

Chile confirmó que por lo menos uno de ellos continúa ahí.

Y aquí sí me voy a permitir una conclusión.

México terminó este primer microciclo sabiendo más de sí mismo, pero no jugando mejor que cuando lo comenzó.

Que haya tenido momentos mejores no contradice la conclusión.

La vuelve más precisa.

Porque cuatro partidos después conocemos más futbolistas, tenemos más información y podemos identificar mejor los problemas.

Pero algunos continúan apareciendo.

Eso no condena el proceso.

Tampoco sentencia a Rafael Márquez.

Pero impide calificar este primer corte como satisfactorio.

Porque probar produce información.

Seleccionar exige utilizarla.

DOS GLADIADORES

Mire usted.

Quizá no pudo existir mejor escenario para explicar lo ocurrido.

El Coliseo.

Dos selecciones golpeadas.

Dos gladiadores buscando escapar de sus propias derrotas.

Y solamente uno encontró la puerta.

Chile llegó necesitado de respuestas.

Corrigió, compitió, golpeó y ganó.

México llegó después del 0-3 frente a Estados Unidos buscando exactamente lo mismo.

No lo consiguió.

Y aquí aparece algo que debería preocupar bastante más que el marcador.

Perder puede ocurrir. Acostumbrarse a perder es otra cosa.

Una derrota duele.

Dos comienzan a pesar.

No afirmo que México se haya acostumbrado a perder.

Digo algo diferente.

Rafael Márquez tiene que impedir que ocurra.

Porque ésa también es tarea de un Seleccionador.

No solamente construir cómo juega su equipo cuando las cosas funcionan.

También cómo piensa, cómo reacciona y cómo se comporta cuando dejan de funcionar.

Ayer, en el Coliseo, dos gladiadores buscaban escapar.

Chile encontró la puerta.

México continúa adentro.

Y la preocupación no consiste solamente en permanecer ahí.

Consiste en empezar a acostumbrarse.

Ahora la pregunta ya no es cuántos futbolistas conoció Rafael Márquez durante estos cuatro encuentros.

Es otra:

¿Qué decidirá hacer con todo lo que aprendió de ellos?

Porque del fondo no se sale explicando la caída.

Se sale aprendiendo.

Corrigiendo.

Compitiendo.

Y ganando.

Chile comenzó a hacerlo.

México todavía no.

Mientras tanto, nosotros… veremos y diremos.

En línea noticias 2026